Se me podría responder que es muy pronto para juzgar si un nuevo gobierno está obteniendo buenos resultados, pero puedo replicar que es el mismo José Jerí quien los viene ofreciendo. Promete lo que no puede cumplir, más aún habiendo elegido de eje articulador de su estrategia los estados de emergencia. Sí, los mismos que ya fracasaron en demasiadas oportunidades con Pedro Castillo y Dina Boluarte.
Un gobernante que realmente respeta el sufrimiento cotidiano de la gente debiera en cambio haber explicado que ya no hay una solución de corto plazo. Que, aun haciendo las cosas muy bien, sería solo en un escenario de mediano plazo en el que recién podrían empezar a verse algunos resultados.
¿Hay decisiones a su alcance para hacer las cosas bien? Claro que sí. Menciono tres.
1) Anunciar al país que en ningún caso el Ejecutivo avalaría que el Congreso vuelva a ampliar el Reinfo, poniéndole al menos algunos frenos a la minería ilegal. Ello porque no solo es la economía criminal más grande y extendida del país, sino la principal corruptora del poder político y tiene una influencia decisiva para que otros negocios criminales, entre ellos la extorsión, se expandan.
2) Exigir al Congreso que derogue todas las leyes que favorecen al crimen organizado. Me refiero a aquellas que, con el propósito de protegerse ellos mismos de investigaciones por corrupción, han debilitado significativamente las atribuciones de la Policía Nacional y del Ministerio Público.
3) Declarar en emergencia a la Policía Nacional para que, por un lado, se le asignen en plazos perentorios los recursos extraordinarios para fortalecer significativamente la investigación criminal y la inteligencia (garantizando que habrá un control externo sobre la idoneidad y honestidad del gasto). Y, por otro lado, para que se creen mecanismos extraordinarios que enfrenten con la severidad requerida la corrupción interna y, muy en particular, la penetración del crimen organizado en sus filas.
En el caso de las dos primeras, tendría que chocar con el Congreso que lo ha puesto en el cargo y con sus propias votaciones. Para la tercera, necesitaría asumir que es el jefe supremo de la PNP y jefe del Estado, rectificándose de aquello de “yo no voy a intervenir ni a favor ni en contra, esa es una decisión propia de la PNP”, cuando se refería a la búsqueda del prófugo de la justicia Vladimir Cerrón.
Otrosí digo: con la campaña electoral en marcha, y en vísperas de la nominación de los candidatos, es notorio que la mayoría de los partidos va a incluir a no pocas personas con cuestionamientos éticos muy serios e investigaciones bastante sólidas por delitos de corrupción, si es que estos pueden jalar algunos votos y/o pueden atraer recursos (bien o mal habidos) para sostener los gastos de campaña.
A raíz de ello se extiende la preocupación de que se esté gestando un sucedáneo, corregido y aumentado, del peor Congreso de nuestra historia. Comprensiblemente hay múltiples llamados para que se opte por un voto informado que evite que esto se repita.
En ese contexto, cabría recordar que quien ejerce la presidencia ostenta un rosario de razones por las que un votante bien informado habría debido descartarlo de haber sido candidato.
No se puede negar que Jerí, al menos comparado con su predecesora, es una estrella de la comunicación y el márketing político. Aun así, cabe pedirle a los que desde diferentes espacios influyen en las decisiones de terceros que mantengan una prudente distancia y ejerzan una mayor vigilancia sobre quien encarna lo que (se supone) no desean que ocurra. Hay, me parece, una peligrosa contradicción entre lo que se dice querer para mañana y lo que se hace hoy.
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