Comer, viajar, holgar

El afán por bufets, pasajes aéreos y pantallas gigantes pesa mucho en la mala imagen de los congresistas.

    Editorial El Comercio
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    de El Comercio

    Esta semana, en conferencia de prensa, el Congreso anunció que se suspendían los bufets de la polémica. (Foto: Julio Reaño/@photo.gec).
    Esta semana, en conferencia de prensa, el Congreso anunció que se suspendían los bufets de la polémica. (Foto: Julio Reaño/@photo.gec).

    En su mayoría, los ciudadanos no tienen una idea exacta de cuáles son las tareas y responsabilidades de los congresistas. Pueden haber escuchado centenares de veces que sus deberes fundamentales son legislar, fiscalizar y representar, pero eso, al parecer, no les dice mucho. O, por lo menos, no consigue eclipsar la noción imperante entre los votantes de que ellos eligen a esos representantes para que tramiten sus demandas ante el Ejecutivo y aprueben “leyes que favorezcan al pueblo” (una fórmula que frecuentemente expresa la aspiración de que se aboquen a la concesión de beneficios sectoriales). A pesar de lo fundamental que resulta para la vida republicana, la función de contrapeso frente a los gobiernos de turno suele ser mal comprendida y confundida fácilmente con “obstruccionismo”, aun en países con una larga trayectoria democrática. De ahí la baja aprobación que los Legislativos tienen también en esos lugares del mundo.

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