El otro desembalse

El Ministerio del Interior debe garantizar la seguridad ciudadana sin continuar restringiendo las libertades individuales.

    Editorial El Comercio
    Por

    de El Comercio

    El ministro del Interior Gastón Rodríguez participa en un homenaje póstumo al suboficial superior PNP Limber Millones Ángeles, fallecido por COVID-19 en su casa en San Juan de Lurigancho, el pasado 30 de mayo. (Foto: Violeta Ayasta/GEC).
    El ministro del Interior Gastón Rodríguez participa en un homenaje póstumo al suboficial superior PNP Limber Millones Ángeles, fallecido por COVID-19 en su casa en San Juan de Lurigancho, el pasado 30 de mayo. (Foto: Violeta Ayasta/GEC).

    La llegada del COVID-19 al país mereció una reacción sin precedentes del Gobierno Peruano. Con el objetivo de ralentizar los contagios y salvar la mayor cantidad de vidas posible, el presidente Martín Vizcarra decretó una rígida cuarentena a mediados de marzo (próxima a cumplir 100 días) y, poco después, la complementó con la instauración de un toque de queda que, hasta ahora, entra en vigencia todos los días de 9 p.m. a 4 a.m. (salvo ciertas regiones, donde se inicia desde las 6 p.m.) y durante las 24 horas del domingo. La lógica era sencilla: mientras más personas se quedasen en sus casas, menos probabilidades habría de que se expandiera la enfermedad.