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El cinismo de los Vizcarra
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La tacha contra Mario Vizcarra confirma una vez más la instrumentalización de una candidatura presidencial para confundir a los electores. El partido Perú Primero inscribió a Vizcarra Cornejo sabiendo de antemano que la ley se lo impedía.
Lo ocurrido no ha sido un error administrativo, o una falta de diligencia. Fue un cálculo político con el que la familia Vizcarra demostró que las restricciones electorales para condenados por corrupción eran, a sus ojos, meras sugerencias. Cuando el expresidente Martín Vizcarra fue sentenciado a 14 años de prisión por recibir millones en sobornos como gobernador de Moquegua y se tuvo claro que no iba a poder postular debido a las inhabilitaciones que pesan en su contra, la estrategia del partido cambió y su hermano Mario irrumpió como candidato presidencial, no por mérito político ni capacidad de gobernar, sino para capitalizar los apellidos e iniciales compartidas con el exmandatario y generar confusión intencional en la ciudadanía.
Mario Vizcarra reconoció en su hoja de vida la sentencia del 2005 por peculado, pese a que esa misma condena impide que pueda postular. La Ley Orgánica de Elecciones (Ley 30717 del 2018) es categórica: las personas condenadas por corrupción de funcionarios, con sentencia firme, no pueden postular ni a la presidencia ni a la vicepresidencia, aun cuando hayan sido rehabilitadas. Cuando el Jurado Electoral Especial (JEE) de Lima Centro tachó su inscripción defendió un principio: los peruanos tienen derecho a elegir autoridades probas y sin antecedentes.
El JEE argumentó que tales restricciones buscan “separar de la administración pública a aquellos que, en su momento, han evidenciado particular desprecio por el desempeño correcto de los deberes de un funcionario público”. ¿Qué mayor evidencia de ese desprecio que intentar burlar la propia ley? La estrategia desde su inicio fue cínica: registrarse con la condena declarada, confiar en que la fiscalización inicial pasaría por alto el impedimento y ser inscrito pese a ello, como estaba ocurriendo hasta que se presentó la tacha.
Este caso permite evidenciar un patrón más amplio en los Vizcarra. El hoy preso expresidente ya había intentado algo similar, viajando por el país como candidato presidencial pese a estar inhabilitado. Parece ser que ambos hermanos comparten la vocación de timar a los electores. Si esto hacen en campaña, ¿qué podrían hacer en un eventual gobierno?
La democracia electoral no solo requiere reglas; requiere que quienes aspiran a gobernarla respeten estas antes de ocupar el poder. Los hermanos Vizcarra han revelado su verdadera naturaleza: no ven las restricciones como normas a acatar, sino como obstáculos a sortear mientras, con una sonrisa y rebosando de sinvergüencería, piden al ciudadano el voto

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