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Todos contra el mundo, por Patricia del Río

“No, señores del siglo pasado. No hay Soros ni tapers de por medio”.

Patricia del Río Periodista

Realizan marchas en protesta contra remoción de los fiscales Pérez y Vela

"Los otros, los que le dan la espalda a esta realidad, no están entendiendo nada". (Foto: cortesía)

Ralph Zapata

La historia está llena de grandes revoluciones encabezadas por visionarios, por fanáticos, por líderes que empujaron a la gente a darle una vuelta de tuerca a la realidad. No hay revolución cubana sin Fidel Castro, ni lucha antirracial en Estados Unidos sin Martin Luther King, ni Sendero Luminoso sin Abimael. Para los cambios buenos o para las revoluciones enloquecidas casi siempre encontramos a un líder: ya sea el que encendió la mecha o el que supo ponerse a la cabeza de un tsunami que ya había empezado.

Hoy las revoluciones tienen otro rostro. No se necesitan personajes que muevan a las masas. Desde la Primavera Árabe hemos asistido a movimientos cada vez más creativos que contagian a sus seguidores sin que se pueda identificar un rostro responsable del barullo. Un interlocutor. ¿Cuál es el rostro emblemático del #MeToo o del #NiUnaMenos? ¿Y el de los ‘chalecos amarillos’ en Francia? ¿Algún candidato para enarbolar el liderazgo de #ConMisHijosNoTeMetas? Hay algunos personajes más visibles que otros, pero de ninguna manera podrían considerarse líderes de esas causas.

Tras luchas ambientalistas, democráticas, represivas se aglutinan ciudadanos con las mismas necesidades. Alguien despotrica en su muro del Facebook, otro se siente identificado con el mensaje y entonces se genera un extraño camino que va del ‘like’ al debate; del meme al “vamos a hacer algo”, del “fuera, Chávarry” al “¿dónde es la marcha?”. No, señores del siglo pasado. No hay Soros ni tapers de por medio. Una cosa son las campañas políticas siempre llenas de falsos entusiastas y otra los movimientos civiles que mueven pasiones, que hacen que a uno le den ganas de gritar hasta que se le seque la garganta y de correr antes de que lo asfixie una bomba lacrimógena.

Y eso está pasando ahora mismo en el Perú. La lucha contra la corrupción no es un invento de Vizcarra, no está digitada por los medios, ni siquiera se la puede atribuir a los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez. Pregúntenle a ese chico que se para frente al Ministerio Público en Año Nuevo si es caviar o de derechas y no va a saber ni qué contestarles. Averigüe qué piensa de Villarán, García o Toledo y le va a decir que se vayan todos a la cárcel. Quienes quieren vender este fenómeno como una vendetta contra el fujimorismo o una ofensiva caviar no están entendiendo nada.

Ni Verónika Mendoza, ni Julio Guzmán, ni el Bolsonaro peruano, ni ningún otro aspirante a presidente se va a poder adueñar de algo que es más grande que una iniciativa política. Esta indignación ciudadana tiene su propio ADN, evoluciona de una manera difícil de predecir y los medios de comunicación y los líderes que se ponen del lado de la lucha solo acompañan un clamor que no tiene marcha atrás.

Los otros, los que le dan la espalda a esta realidad, no están entendiendo nada. Siguen pensando que, en un mundo donde los ciudadanos no necesitan banderas para ser representados, van a imponerse a gritos.

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