Soy optimista, por Rolando Arellano
Soy optimista, por Rolando Arellano

¿Cómo veo el 2015 en el Perú? Mejor que el 2014. ¿Y cómo lo veo a más largo plazo? Sin ninguna duda, bien y cada vez mejor. La razón de ese optimismo, que creo es compartido por muchos peruanos que no tienen forma pública de expresarlo, es que no puede ser de otra manera, dado el milagro que hemos vivido en el país.

¿Cómo podemos ser pesimistas si comparamos nuestra situación actual con la de hace solo 20 años, en que vivíamos la crisis más grande de la historia del Perú moderno? Recordemos que hace 30 años, con apagones, atentados y coches bombas, la pregunta que nos hacíamos no era si ganaba su guerra o no, sino cuándo lo haría. Recordemos también la época de hiperinflación, en que nuestro salario se hacía cada quincena más pequeño, y no sabíamos si nos alcanzaría para lo indispensable. Recordemos también que no encontrábamos peruanos contemporáneos a quienes admirar, pues casi todos los personajes públicos estaban relacionados con la corrupción o aparecían en videos que nos avergonzaban. 

¿Cómo podemos ser pesimistas si, cuando todo parecía perdido y el sueño de nuestros jóvenes era partir a Estados Unidos, Japón o Argentina, las cosas cambiaron para bien? ¿Cómo explicar que en la periferia de las ciudades miles de familias migrantes, en lugar de unirse al terrorismo, crearon una economía paralela que luego fue base del crecimiento del país? ¿Cómo entender que, de un momento a otro, tengamos campeones mundiales de surf, de box, ganadores del Nobel o que nuestra comida sea reconocida internacionalmente? ¿Y que cuatro presidentes distintos mantengan la misma política económica que dio estabilidad a un crecimiento apoyado por la subida del precio de los minerales y alimentos que exportamos?

Hace varios años escribí en esta columna, risueñamente, que si bien muchos peruanos se habían esforzado, el cambio fue tan grande que habría que atribuirlo a que quizá Santa Rosa y San Martín, los dos santos peruanos, sacaron en el cielo en andas al Señor de los Milagros para decirle a Dios que ya estaba bueno de tanto sufrimiento para sus paisanos. Que ya era tiempo de darnos un respiro. 

Y vaya que lo tuvimos. En los últimos años hemos sido el país de mayor crecimiento en América Latina, la pobreza ha disminuido a la mitad, las distancias entre Lima y provincias se han acortado, tenemos una clase media grande y pujante, y tenemos más autoestima y orgullo. Y si en el 2014 crecimos menos, no olvidemos que aun así este crecimiento fue mayor al de los países desarrollados y el de casi todos nuestros vecinos. Para los peruanos que creímos que el país no sería viable en el siglo XXI, eso es un milagro.

Por eso, pese a las variaciones del dólar, la baja del precio de los metales, las autoridades incapaces, los políticos que firman leyes y luego se desdicen, los intelectuales que quieren minimizar la evidencia del crecimiento, los medios que insisten solo en mostrar la violencia y, en general, todos aquellos que han olvidado dónde estuvimos hace unos cuantos años, soy, como muchos peruanos, optimista. Y creo que eso nos da fuerza para luchar buscando que ese futuro optimista se haga realidad. 

¡Les deseo un muy feliz y próspero 2015, y muchos años más!