¡Salven a los doctorcitos!, por Mario Ghibellini

Bien vistos, Acuña y De Soto representan lo mismo, y es por eso que comparten el riesgo de ser eliminados de la carrera electoral.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    "Pero si lo que hay es solo una ojeriza contra su enjundia proverbial, hacemos un voto por la salvación de los doctorcitos". (Ilustración: Víctor Aguilar)
    "Pero si lo que hay es solo una ojeriza contra su enjundia proverbial, hacemos un voto por la salvación de los doctorcitos". (Ilustración: Víctor Aguilar)

    Mientras los ciudadanos de a pie somos amenazados por un severo rebrote de la epidemia del COVID-19, a los aspirantes presidenciales los persigue una peste distinta: la de las tachas que podrían acabar sacándolos de la carrera que con tanto fervor han iniciado. Todos recordamos cómo en el 2016 un formalismo le impidió correr a Julio Guzmán (una frustración de la que luego se resarció largamente) y cómo unas distraídas donaciones hicieron lo propio con César Acuña. Y si bien esa circunstancia les permitió trazar en los años siguientes mundos paralelos en los que ellos sin duda habrían alcanzado la victoria y habrían convertido al Perú en la tierra de Jauja, no se puede negar que, a raíz de sus ausencias, la oferta electoral y la diversión se vieron en aquella ocasión reducidas.

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