La conexión a Internet se ha convertido en una herramienta prácticamente indispensable para desarrollar actividades cotidianas. Desde una computadora se puede trabajar, estudiar, realizar videollamadas, acceder a plataformas digitales o simplemente disfrutar de contenido en línea, mientras que buena parte de estas acciones dependen de una conexión inalámbrica estable. El WiFi, presente en hogares, oficinas y espacios públicos, permite enlazar distintos equipos con el router sin necesidad de utilizar cables. Sin embargo, mantener esta tecnología funcionando de manera permanente no siempre resulta necesario, especialmente cuando la vivienda queda vacía durante varias horas o cuando llega el momento de descansar. Desconectar el equipo que proporciona la señal en determinadas circunstancias puede aportar algunas ventajas relacionadas con el consumo eléctrico, la seguridad de la red y el propio funcionamiento del dispositivo. A ello se suma la aparición de nuevas alternativas tecnológicas que buscan complementar o incluso superar algunas de las características tradicionales de las conexiones inalámbricas basadas en ondas de radio. Una de ellas es LiFi, sistema que utiliza la luz para transmitir información y que plantea nuevas posibilidades para la conectividad del futuro.
Una de las situaciones en las que puede resultar conveniente desconectar el router es cuando no habrá nadie en casa durante un periodo prolongado. Si la vivienda permanecerá vacía por un viaje o una ausencia de varios días, mantener el equipo encendido puede ser innecesario. Lo mismo ocurre durante determinadas horas de la madrugada, cuando ningún integrante del hogar utiliza la conexión y todos los dispositivos permanecen desconectados.
El ahorro energético es otro de los argumentos asociados con esta práctica. Aunque un router doméstico no suele representar un consumo elevado frente a otros aparatos eléctricos, apagarlo cuando no se necesita evita que permanezca funcionando de manera continua. También puede contribuir a prolongar el tiempo de funcionamiento del equipo al reducir las horas acumuladas de operación, aunque esto dependerá de las características y condiciones del dispositivo.
Desactivar el router cuando no se está utilizando también puede representar una medida adicional dentro de la seguridad de la red doméstica. Una conexión que permanece activa puede seguir siendo objeto de intentos de acceso por parte de terceros, especialmente si existen configuraciones deficientes o contraseñas poco seguras. Apagar el equipo durante periodos de ausencia elimina temporalmente esa posibilidad mientras la red permanece fuera de servicio.
Reiniciar el router constituye, además, una práctica que puede ayudar cuando aparecen determinados problemas de conexión. Desconectarlo durante un periodo breve y volver a encenderlo permite reiniciar sus procesos y, en algunas circunstancias, solucionar fallas temporales de funcionamiento. Sin embargo, apagar el dispositivo no debe considerarse una solución definitiva frente a problemas persistentes de velocidad o estabilidad, pues estos pueden tener otros orígenes.
En paralelo con la evolución del WiFi, LiFi se presenta como una tecnología inalámbrica que emplea la luz visible para transmitir información. Su funcionamiento se basa en bombillas LED capaces de emitir variaciones de luz a una velocidad imperceptible para el ojo humano. Estos cambios pueden transportar datos y establecer una conexión inalámbrica sin recurrir directamente a las ondas de radio utilizadas por sistemas tradicionales.
El término LiFi fue acuñado por el profesor Harald Haas durante una charla TEDx realizada en 2011. Desde entonces, la tecnología ha despertado interés por sus posibilidades en distintos escenarios donde la conectividad requiere características particulares. Entre sus aplicaciones potenciales y usos mencionados figuran los hogares, oficinas, quirófanos, aeronaves y determinados entornos de exploración submarina.
Una de las características que diferencia a LiFi es el comportamiento de su señal frente a determinados obstáculos. La luz no atraviesa las paredes como lo hacen las ondas de radio, por lo que su alcance suele estar limitado a aproximadamente 10 metros y requiere una relación más directa entre la fuente luminosa y el dispositivo receptor. Esa particularidad puede convertirse también en una ventaja para la privacidad, debido a que la señal queda contenida dentro del espacio iluminado.
WiFi continúa siendo una de las tecnologías más utilizadas para acceder a Internet mediante puntos de conexión inalámbrica. Su señal puede cubrir alrededor de 32 metros en determinadas configuraciones de redes WLAN 802.11b/11g, aunque la distancia real depende de factores como la potencia de transmisión, el tipo de antena, los obstáculos y las condiciones del entorno. LiFi, en cambio, presenta una cobertura aproximada de 10 metros y depende de la iluminación para establecer la comunicación.
Otra diferencia se encuentra en las interferencias. Las redes WiFi utilizan radiofrecuencia y pueden verse afectadas por otras fuentes que operen en bandas similares. LiFi emplea luz para transportar los datos, por lo que no enfrenta el mismo tipo de interferencias relacionadas con las ondas de radio. Esta característica abre posibilidades para lugares donde la gestión del espectro radioeléctrico representa una dificultad.
En cuanto a sus aplicaciones, WiFi destaca por su capacidad para proporcionar acceso cotidiano a Internet en viviendas, empresas y espacios públicos. LiFi, por su parte, plantea alternativas para sectores específicos, entre ellos la aviación, los entornos hospitalarios, las oficinas y determinadas operaciones bajo el agua. Más que reemplazar necesariamente al WiFi, esta tecnología puede funcionar como un complemento de las redes existentes y convivir con soluciones como el 5G.
La privacidad constituye finalmente otro punto de contraste. Debido a que la señal LiFi no atraviesa las paredes, su alcance queda más delimitado físicamente, lo que puede dificultar que la comunicación sea captada desde otros espacios. El WiFi, al propagarse mediante ondas de radio, puede atravesar determinados obstáculos y requiere medidas de protección como contraseñas robustas y configuraciones de seguridad. Ambas tecnologías, por tanto, presentan ventajas y limitaciones diferentes, mientras la evolución de la conectividad continúa buscando nuevas formas de transmitir datos con mayor eficiencia y seguridad.