Las próximas elecciones plantean no solo un desafío político, sino también operativo y de accesibilidad. La cédula de votación superará los 40 centímetros de largo e incluirá más de 35 candidatos, lo que incrementa la complejidad del acto de votar.
El contexto agrava el problema. Según el Ministerio de Salud, más de 600 mil personas en el Perú tienen discapacidad visual y alrededor de 160 mil presentan ceguera total. A ello se suma que más de 3 millones de peruanos mayores de 18 años viven con algún tipo de discapacidad, de acuerdo con el Jurado Nacional de Elecciones. Además, el 52,7% de esta población corresponde a adultos mayores, grupo donde las dificultades visuales son más frecuentes, según el INEI.
A estos datos se añade un factor extendido, pero menos visible: la presbicia, una condición que dificulta la visión de cerca y que afecta a la mayoría de las personas a partir de los 40 o 45 años. En términos prácticos, más del 80% de ese grupo la desarrolla.
Si se cruza esta información con el padrón electoral, cercano a los 24 millones de votantes, se estima que entre 5 y 7 millones de peruanos podrían tener dificultades reales para leer con precisión una cédula de gran tamaño. Esto equivale a entre el 20% y el 30% del electorado.
Especialistas advierten que una cédula extensa, con múltiples columnas, símbolos pequeños y voto preferencial incrementa la carga visual, eleva la probabilidad de error y podría derivar en un mayor número de votos viciados involuntarios.
En ese escenario, el diseño del instrumento electoral adquiere relevancia: no se trata solo de votar, sino de poder hacerlo en condiciones de comprensión similares para todos.
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