Local USHay muchas parejas que “funcionan”: se organizan, cumplen con sus responsabilidades, son prácticas y siguen adelante. Otras, en cambio, además de funcionar, sienten una profunda conexión emocional. Básicamente, son capaces de mostrarse vulnerables sin miedo, discutir sin destruirse y volver a encontrarse después de un día difícil. A esto es a lo que los expertos en psicología se refieren cuando hablan de parejas emocionalmente inteligentes.
Hay muchas parejas que “funcionan”: se organizan, cumplen con sus responsabilidades, son prácticas y siguen adelante. Otras, en cambio, además de funcionar, sienten una profunda conexión emocional. Básicamente, son capaces de mostrarse vulnerables sin miedo, discutir sin destruirse y volver a encontrarse después de un día difícil. A esto es a lo que los expertos en psicología se refieren cuando hablan de parejas emocionalmente inteligentes.
MIRA: ¿Estamos en la misma página? 8 señales para saber si tu relación de pareja tiene futuro
La inteligencia emocional en las relaciones no tiene que ver con no discutir ni con estar siempre de buen humor. Como señaló la doctora Susan Albers, psicóloga de Cleveland Clinic a Somos, se trata de algo mucho más profundo: la capacidad de estar emocionalmente disponibles el uno para el otro. En la vida cotidiana, esto se puede ver claramente en escenas simples, como llegar a casa después de un día difícil y, en lugar de reaccionar con brusquedad o desconectarse mirando el celular, poder decir: “Tuve un día duro, ¿puedo desahogarme cinco minutos?”. Ese pequeño registro emocional evita que el cansancio se transforme en distancia o resentimiento.
“La inteligencia emocional en la pareja no se limita a “llevarse bien”, sino a la capacidad de construir un “nosotros” que cuide el bienestar de ambos”, explicó la doctora Claudia Cortez Chávez, directora de la carrera de psicología de la Universidad San Ignacio de Loyola.
Si bien una relación puede sostenerse durante años desde la logística —la casa, los hijos o las obligaciones—, cuando carece de conexión emocional suele volverse distante, con poco conocimiento de los sueños, miedos o necesidades actuales del otro. En cambio, las parejas con alta inteligencia emocional actualizan sus “mapas de amor”: saben qué le preocupa hoy a su compañero, qué lo entusiasma y qué lo desgasta. Cultivan la amistad, la empatía y una comunicación que busca comprender más que ganar.
Desde la práctica, esta diferencia también se observa en la forma de discutir. Las parejas con baja inteligencia emocional suelen quedar atrapadas en patrones como la crítica, el desprecio, la actitud defensiva o la evasión, lo que intensifica el conflicto. Las parejas emocionalmente inteligentes, aunque no son perfectas, regulan mejor sus reacciones, validan las emociones del otro y priorizan la relación por sobre el impulso de tener razón.
“Una baja inteligencia emocional no es un defecto de carácter. A menudo es una carencia de habilidades, no de amor. La mayoría de las personas nunca aprendió a identificar sus emociones, regular el estrés o reparar después de un conflicto. La buena noticia es que la inteligencia emocional se puede aprender y practicar”, expresó Albers.
Los hábitos emocionales que sostienen el vínculo
Escucha emocional
Una de las prácticas más importantes es la escucha activa y empática. Según la psicóloga ocupacional, Janet León, de MAPFRE, las parejas emocionalmente inteligentes se toman el tiempo de escucharse sin distractores como el celular o la televisión, buscando comprender no solo lo que el otro dice, sino lo que siente, lo que permite una mayor presencia, apertura y ausencia de juicios.

En esta misma línea, Antonella Galli, psicóloga de la Clínica Ricardo Palma, mencionó que escuchar activamente significa validar la experiencia del otro y reconocer que lo que siente, piensa o necesita tiene sentido. Expresiones como “entiendo que esto te duela” o “tus sentimientos son válidos” generan confianza y profundizan la intimidad.
“Cuando las personas se sienten escuchadas y comprendidas, el vínculo se fortalece y están más dispuestas a hacer cambios para que los dos se sientan bien. Sin embargo, sin ello, la relación pierde profundidad emocional y se vuelve egocéntrica”.
Validar incluso sin entender del todo
De acuerdo con Aída Arakaki, psicóloga de Clínica Internacional, la validación emocional no requiere comprender completamente la experiencia del otro, sino acompañar emocionalmente y reconocer que la otra persona está atravesando por algo difícil.
“Saber reconocer y tolerar que el otro siente diferente, incluso cuando esas emociones no nos resultan significativas, permite que la persona se sienta validada y con derecho a sentir lo que siente. Este acompañamiento puede expresarse a través de palabras, gestos de apoyo, afecto o incluso del silencio compartido”, sostuvo Ruth Kristal, psicóloga de SANNA Clínica San Borja.
Responsabilidad emocional propia
Este hábito implica reconocer las propias emociones, comprender de dónde provienen y hacerse cargo de cómo se elige actuar frente a ellas, sin culpar a la pareja. De acuerdo con León, esto supone identificar cuándo el malestar tiene un origen personal —por experiencias previas, estrés externo o emociones no resueltas— y gestionarlo de manera individual.
No obstante, cuando el malestar sí está vinculado a la relación, se comunica desde el yo, expresando sentimientos y necesidades —por ejemplo, “me siento frustrado cuando…” —sin acusar ni descalificar al otro. Esta forma de comunicación reduce la defensividad, favorece el diálogo y convierte a la relación en un espacio seguro donde ambas partes pueden expresarse sin miedo.
“La inteligencia emocional no significa reprimir emociones ni “no enojarse”. La vulnerabilidad auténtica incluye el enojo, el llanto, el quiebre o el desborde emocional. Lo saludable es poder expresar esas emociones sin agredir, decir qué dolió o molestó y, si es necesario, tomar un espacio para recuperarse emocionalmente”, enfatizó la doctora Albers.
Gestión reflexiva del conflicto
Para la psicóloga Janet León, las parejas que sostienen su vínculo desde la inteligencia emocional, antes de responder impulsivamente, se permiten pausar, calmarse e identificar lo que sienten. Frases como “necesito unos minutos y luego seguimos hablando” previenen escaladas emocionales innecesarias.

“Esta autorregulación incluye la toma de perspectiva: reflexionar sobre el impacto de las propias palabras y escuchar activamente el punto de vista de la pareja. Cuando la conversación se vuelve demasiado intensa, es saludable pausar, siempre que la pausa sea comunicada claramente y con el compromiso de retomar el diálogo más adelante”, subrayó la psicóloga de Cleveland Clinic.
Una vez abordada la situación con mayor calma, estas parejas suelen recurrir a rituales de reparación: disculpas sinceras, gestos de afecto, abrazos o tiempo compartido. Estos actos restablecen la conexión emocional y refuerzan el vínculo incluso después de momentos difíciles.
Conocimiento del mundo interno del otro
Este hábito se construye a partir de una cultura de diálogo y confianza. Tal como indicó Kristal, solo a través de expresar y escuchar es posible acceder a la experiencia emocional de la pareja. No se puede esperar que la otra persona sepa, de manera “mágica”, qué nos sucede, qué nos duele, qué hemos vivido o qué experiencias pasadas nos han marcado o traumatizado.
Para que el otro pueda comprendernos, es necesario poner en palabras lo que sentimos y pensamos: decir en voz alta lo que duele, lo que incomoda, lo que se teme o lo que disgusta, ya que confiar en una empatía mal entendida —que supone que el otro debería saber o intuir lo que nos pasa— solo genera distancia y frustración en el vínculo.
“Conocer el mundo interno del otro implica animarse a poner palabras a la propia experiencia emocional y, al mismo tiempo, estar disponibles para escuchar la del otro. Este hábito es tan importante para el vínculo como expresar afecto y cercanía a través de frases como “te quiero”, “te amo”, “te entiendo” o “estoy contigo”, ya que fortalece la intimidad emocional y la sensación de acompañamiento mutuo”, recalcó la experta de SANNA.
Respeto de los límites emocionales
Tener límites claros es una consecuencia directa de una buena autoestima. Según Galli, las parejas emocionalmente inteligentes saben qué están dispuestas a tolerar y qué no, y lo comunican con claridad. Además, estos se sostienen cuando existen valores compartidos como el respeto, la lealtad, la honestidad, la empatía y la confianza, lo que facilita que los límites no se vivan como rechazo, sino como cuidado mutuo.
Por su parte, Paul Brocca, docente de la carrera de psicología de la Universidad Científica del Sur agregó que, el respeto de los límites se ve reforzado por la planificación de actividades, la existencia de espacios individuales y hobbies propios o compartidos. “Conocer las prioridades y la visión de vida de cada uno permite mantener la conexión sin perder la individualidad”.
¿Qué ocurre cuando estos hábitos fallan?
Ninguna relación—ni siquiera las parejas emocionalmente inteligentes— está exenta de errores, desacuerdos o momentos de quiebre. La inteligencia emocional no se define por la ausencia de conflicto, sino por la capacidad de reconocer cuando los hábitos fallan, asumir responsabilidad y evitar que los errores se transformen en patrones relacionales.
Uno de los primeros indicadores de este deterioro es la dificultad para reconocer el error y reparar emocionalmente el daño. Según Brocca, aceptar los propios errores es una parte central del proceso para mejorar la comunicación; por el contrario, las posturas soberbias, intransigentes o agresivas generan dinámicas invalidantes que, sostenidas en el tiempo, pueden derivar en estados de ansiedad o depresión.

Asimismo, Ruth Kristal aseguró que solo una persona conectada consigo misma es capaz de pedir perdón de manera genuina. Cuando el orgullo o el egocentrismo impiden admitir el error, el pedido de disculpas no aparece o se vuelve superficial, y la reparación emocional queda bloqueada.
Cuando estas fallas se repiten, los conflictos dejan de ser puntuales y comienzan a organizarse como patrones relacionales. “Muchas discusiones se sostienen sobre experiencias personales no resueltas, como heridas previas, dificultades para poner límites o dependencia emocional, lo que genera ciclos repetitivos de conflicto y sufrimiento. En estos casos, el problema ya no es el tema que se discute, sino la dinámica desde la cual la pareja se vincula, reproduciendo malestar de forma constante”, advirtió el especialista de la Universidad Científica del Sur.
En este contexto también puede aparecer lo que Aída Arakaki denomina una falsa buena comunicación: las parejas sienten que hablan, pero no se comprenden; evitan ciertos temas para no confrontar o las conversaciones terminan reiteradamente en enojo o distancia. Básicamente, este deterioro suele manifestarse en señales como cansancio emocional, irritabilidad, aburrimiento, impaciencia y una disminución de la tolerancia, indicadores claros de que la relación ha perdido su capacidad de sostener una conexión emocional auténtica.
La pareja frente al estrés externo
La pareja suele ser uno de los principales espacios de contención emocional frente a las demandas y presiones del entorno. Sin embargo, cuando el estrés externo no se gestiona adecuadamente, puede terminar afectando la relación. Según Ruth Kristal, es frecuente que las personas descarguen su malestar en el lugar donde se sienten más seguras y aceptadas, pero cuando esto se vuelve habitual, el estrés se transforma en irritabilidad, mal humor o malos tratos.
“Cuando el estrés externo no se maneja correctamente, la pareja se convierte en el espacio donde se descargan las emociones negativas, generando conflictos que en realidad no tienen su origen en la relación, sino en factores externos mal elaborados. Estos conflictos pueden acumularse y desgastar el vínculo si no se reconocen y se abordan de forma consciente”, declaró Arakaki.
Por eso, la importancia de los pequeños gestos cotidianos como una forma de protección frente al estrés externo. Acciones simples como saludarse con cariño, compartir breves momentos juntos, reír, jugar o expresar afecto contribuyen a fortalecer la relación y a crear un clima emocional más seguro. De este modo, la pareja puede transformarse no en un espacio de descarga del malestar, sino en un recurso de apoyo mutuo frente a las exigencias del mundo externo.
¿Se puede aprender la inteligencia emocional en pareja?
La inteligencia emocional puede aprenderse, incluso si no se tuvo un modelo adecuado en la infancia, afirmó la doctora Susan Albers. El cerebro y los esquemas mentales pueden modificarse mediante decisiones conscientes y prácticas constantes.
Algunos hábitos sencillos son:
- Apreciación diaria: Decir “gracias” por algo específico del otro al menos una vez al día.
- Interés genuino: Dedicar 15 minutos diarios a conversar sobre temas que no sean “logística” o pendientes.
- Aceptar influencia: Considerar seriamente la opinión del otro antes de tomar decisiones.
De igual manera, como destacó la experta de Cleveland Clinic, reconocer a diario los aspectos positivos y las cualidades del otro, y expresar frases de valoración como “quiero envejecer contigo” o “siempre me gustara contar con tu presencia en mis mejores y malos momentos”, es lo que finalmente permite mantener, nutrir y fortalecer el vínculo emocional de la pareja.
TE PUEDE INTERESAR
- ¿Cuál es la mejor forma de enamorar a un hombre según la psicología?
- Love bombing: cuidado con la manipulación que usan los narcisistas para enamorar
- El amor de pareja: una visión psicológica para comprender lo que sentimos
- ¿Cuál es tu estilo de apego? Cómo la relación con tus padres durante la infancia afecta tus relaciones de pareja
- La resaca de la que nadie habla: por qué un evento social puede dejarte vacío y sin energía
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.











