Por Nora Sugobono

Hoy no pretendo disimular mi entusiasmo: me moría por sentarme en esta mesa, y por fin sucedió hace un par de semanas, durante la marcha blanca de Frina. Estaba muy atenta a lo que Francesa Ferreyros venía cocinando —en el sentido literal y figurado— desde hacía varios meses, y tenía la certeza de que sería bueno. La realidad, sin embargo, superó toda expectativa.

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