En el restaurante ‘Granja Azul’ se caracterizan por usar pollos que no pesen más de 850 gramos. (Foto: GEC)
En el restaurante ‘Granja Azul’ se caracterizan por usar pollos que no pesen más de 850 gramos. (Foto: GEC)
Por Jorge Chávez Noriega

Hagamos un rápido viaje en el tiempo. Hace casi setenta años, en Santa Clara, Ate, empezó a escribirse la historia de uno de los platos más reverenciados por los peruanos: el pollo a la brasa. En aquella época, el ciudadano suizo Roger Schuler poseía una granja de pollos y, junto a su amigo Franz Ulrich, crearon un horno con la finalidad de cocinar las aves a través una barra metálica que diera vueltas sobre el fuego, logrando una cocción uniforme y más eficiente.