“San Martín ingresó a Lima sin combatir y, como era su deseo, respaldado por la invitación del cabildo”. (Ilustración: Giovanni Tazza)
“San Martín ingresó a Lima sin combatir y, como era su deseo, respaldado por la invitación del cabildo”. (Ilustración: Giovanni Tazza)
Por Héctor López Martínez

En 1821 Lima contaba con una gran Plaza Mayor y numerosas plazuelas; 300 calles de castizos y pintorescos nombres; cerca de 4.000 casas; 54 iglesias, monasterios y conventos; un teatro; una universidad y, también, un cementerio –reciente, moderno–, verdadero adelanto en beneficio de la higiene y salubridad. La también llamada Ciudad de los Reyes estaba rodeada por la muralla que había mandado levantar, en el siglo XVII, el virrey duque de la Palata, y tenía nueve portadas: Martinete, Maravillas, Barbones, Cocharcas, Santa Catalina, Guadalupe, Juan Simón, Monserrate y la del camino al Callao. Esta última era la más importante y hermosa.

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