Por Carlos Batalla

Entre el candidato a la presidencia de la República, Alberto Fujimori, que en abril de 1990 adujo que no había podido entregar su “plan de gobierno” (1990-1995) porque el bacalao que había comido en Semana Santa le había caído mal; y la epidemia del cólera que desprestigió popularmente a todos los “productos hidrobiológicos” (incluido, claro, el bacalao), ambas cosas combinadas, terminaron por acabar con la idea del bacalao como insumo en Semana Santa, en la que por décadas –en su versión de pescado seco– fue el platillo estrella de esos inolvidables “Viernes Santos” tradicionales.

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