La voz es el elemento más importante en la relación guía - atleta invidente.
Jorge Castillo

La labor del guía en los atletas o invidentes es muy sacrificada, y para algunos puede pasar desapercibida. Aún así, el reconocimiento personal va más allá de recibir aplausos y medallas, muy alejado de los flashes y fotos. Es casi, un 'súperhéroe' anónimo.

Desde que Víctor Espinoza empezó a ser guía en la "" su vida cambió radicalmente. Las veces que entrena con Rosbil Gillen Quispe, destacado paratleta, se levanta más temprano de lo normal y alista todo desde la noche anterior. Lleva 11 años como guía y en ese tiempo, ha tratado siempre que Rosbil cuente con él para correr.

"Decidí juntar mi pasión por el correr y mis ganas de ayudar. Desde allí no paro hasta la fecha", nos cuenta. Y, aunque al inicio le costó un poco, el tiempo y constancia han sido sus mejores aliados para ayudar a entrenar a distintos atletas.

"La sincronización se logra con mucha práctica y paciencia. Yo tengo que adaptarme al ritmo del y esto se perfecciona día a día con cada sesión de entrenamiento. Si en una competencia
un guía se cansa, otro lo revela", señala.

Cuenta, además, que existe un nivel de hermandad entre los guías. "Al ser pocos, tenemos que ayudarnos todo el tiempo".

En el caso de Pilar Mejía, ella empezó a ser guía en el 2015, y recalca que es una de las labores que más satisfacción le ha brindado. Nos cuenta que su relación ya no es en el plano deportivo, tanto así que, incluso, ella lo llama 'hijo' -a Rsobil- y él 'mamá'.

"Tenemos un compromiso muy estrecho con los atletas, es casi familiar. Pienso que hay mucha gente que quiere ayudar y no sabe como hacerlo. Quizás, parezca indiferencia, pero esta es una manera. Parte de mi función es dar a conocer que esta labor es muy importante no solo para invidentes sino a personas de todo tipo", finaliza.

Para esta profesión es indispensable no solo poseer un buen estado físico para correr, sino también la capacidad de convertirse, en cierto sentido, en los ojos de la otra persona.

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