Recetas para que la industria editorial peruana supere al coronavirus
La pandemia encontró a editoriales y librerías lidiando con una caída sostenida de sus ventas, que se agravó estos meses. Potenciar sus canales digitales es urgente, así como trabajar en producciones más acotadas, ya que no contarán —físicamente— con la Feria del Libro.
Todos los 'stakeholders' de la industria editorial en nuestro país están obligados a potenciar sus canales digitales para mitigar el impacto en la caída de sus ventas.
En el editorial, como en todos los sectores, la brecha —ya no solamente social y generacional, ahora también técnica y comercial— producida por la irrupción de las plataformas virtuales en las sociedades de consumo contemporáneas, cuyos efectos transformadores fueron agudizados por la pandemia, ha separado a los unos de los otros: quienes cuenten con las capacidades digitales afiladas y actualizadas perdurarán; y los que se mantengan reacios a implementar las nuevas tecnologías en sus procesos, temerosos de abandonar sus zonas de confort, serán descartados por el nuevo mercado que ya gobierna hoy.
La cadena de valor del libro (integrada por autores, editores, correctores, diseñadores, traductores, libreros, importadores y distribuidores, entre otros) necesita con urgencia incorporarse como corresponde en el torrente de los actuales paradigmas de comercialización multiplataforma. Es vital aprender de otras industrias y reformular el negocio desde la experiencia de compra. Pues, lo que ha cambiado son los hábitos de consumo de nuestros lectores, no sus intereses o preferencias temáticas.
Todo parte desde las editoriales (autores-editores, editoriales independientes, fondos editoriales universitarios y gubernamentales y grandes transnacionales, por qué no), que tienen que aceptar la tendencia poco auspiciosa: se seguirá vendiendo, sí, pero en una reducida proporción promedio por título, al menos por un tiempo.
Una de las posibles soluciones es publicar los mismos títulos proyectados al inicio del año pero en tirajes menores. Porque la tecnología nos quita, pero también nos da: la impresión bajo demanda digital es ya una alternativa de similar calidad a la tradicional impresión offset, algo impensado en el pasado inmediato; sumado a que la distancia de precios entre ambas ofertas dejó de ser sideral. Esto amarrado al ahorro en almacenaje que implica trabajar con tirajes acotados.
Este año la Feria del Libro de Lima sólo será digital. Este evento representa más de la mitad de las ventas de las editoriales cada año.
LA SUPERVIVENCIA ES DIGITAL
Pero el principal reto está en los canales de venta. Las librerías se juegan un partido aparte en su anhelo de supervivencia, ya que el aislamiento social las sorprendió mientras lidiaban en un escenario adverso por un descenso constante en los índices de las ventas. Entonces, obligadas por las circunstancias más que por una estrategia planificada de gestión, tuvieron que aferrarse con esperanza a la herramienta que mantenían relegada por ser considerada una fuente minoritaria de ingresos: las tiendas online.
La consolidación de estos canales digitales será clave para mitigar, además, el impacto de la cancelación —al menos bajo el formato presencial— de la Feria Internacional del Libro de Lima de este año. Un evento estelar que, como en ediciones anteriores, habría representado una considerable fuente de ingresos para varias empresas del rubro.
A muchos nos apena que la experiencia de compra haya abandonado las estanterías desbordadas de volúmenes para trasladarse a los fríos píxeles de los dispositivos móviles. Pero algo no ha cambiado: los lectores siguen leyendo. Tanto en el papel como en las múltiples pantallas de nuestro tempestuoso presente.