Para Medina, el caso Lava Jato podría ser el punto de quiebre para la lucha contra la corrupción.
Para Medina, el caso Lava Jato podría ser el punto de quiebre para la lucha contra la corrupción.

Si algo –digamos, positivo– deja el escándalo de que terminó de ensombrecer el 2017, eso es la oportunidad que como país tenemos para aprender de los errores y empoderar a la ciudadanía –incluida la clase – para lograr un verdadero cambio. Así lo considera el presidente de , Jorge Medina, quien en su calidad de empresario, inversionista ángel y director de empresas, no duda en alzar la voz para que los hombres de negocios mejoren la percepción que tiene la ciudadanía sobre ellos.

Terminamos el año con el Caso Lava Jato haciendo remecer los cimientos del Gobierno y de algunas de las más importantes empresas del país. ¿Cuál es la principal reflexión a la que debemos arribar?
Lo que está ocurriendo no surge hoy, es algo crónico y muy grave que pone de manifiesto la perversa relación entre el mal poder político y el mal poder económico que, a su vez, pone de manifiesto dos cosas muy graves: la infiltración de dinero ilícito en la política y la penetración de la corrupción.

¿Imaginaba que la corrupción había llegado a tal nivel?
Solo te puedo decir que [la corrupción] existe y ha existido siempre y, mientras hablamos, sigue existiendo. Quizá, en la década de los 90, en la época del fujimontesinismo, estaba centralizada desde la cabeza del Estado, pero a partir del 2002, con la regionalización, se descentralizó y de las 1.800 autoridades locales, por ejemplo, 9 de cada 10 están implicadas en procesos de corrupción.

¿Qué hacer frente a esa realidad?
Hoy estamos concentrándonos en la fiebre, pero el problema es la infección que origina esa fiebre. Vemos las consecuencias, pero no la causa y cuando ataquemos la causa, recién empezaremos a resolver el problema.

¿Por dónde empezar para que esa infección no se siga propagando?
Hay varios temas. No pretendamos resolver el problema si vamos a tener políticos que resultan del financiamiento ilícito. Desafortunadamente, la reforma que tenemos para impedir la penetración del dinero ilícito en la política es parcial y no ha tocado el fondo. Y, si un partido o agrupación política comete una ilegalidad, debe tener sanción política.

¿Podemos confiar en esa sanción política considerando el famoso ‘rabo de paja’?
Me refiero a la sanción política de los organismos electorales, como quitarte el registro para que no participes en política.

¿Tenemos que pensar en nuevas leyes?
Es verdad que se requieren algunas reformas, pero ante indicios o conductas que no son las mejores en el sector privado, debe haber sanción moral y social.

¿Resultará fácil aplicar esa sanción social cuando mientras conversamos, como usted dice, se pueden estar transando negocios bajo la mesa?
En el mundo empresarial hay indicios y, más o menos, sabes quién es quién. Hace algunos años, una empresa dejó de participar en licitaciones cuando sabía o intuía que iban a estar amañadas. Por eso, cuando sabes que hay algo que no está bien, abstente, no lo avales con tu presencia. Eso es ejercer sanción social.

Hay tres empresas socias de Odebrecht que están investigación. ¿Sería parte de esa sanción social que sus pares privados les cancelen contratos?
Déjame contestarte de esta manera. Si han perdido o no contratos, no lo sé, pero han sufrido efectos negativos: han vendido activos para pagar deudas, el valor de sus acciones ha bajado y es probable que sus bancos les pidan mayores garantías, porque su riesgo ha aumentado. A donde no podemos llegar es al extremo de hacer aseveraciones que solo el Poder Judicial puede hacer. Lo importante es que ya están en investigación.

Si entre bambalinas se sabía que existían prebendas y pagos, ¿por qué dejamos que la corrupción se empodere tanto?
Según la historia, en el Perú y en América Latina la impunidad ha reinado siempre. La corrupción se ha insertado de tal manera que compra voluntades en el Poder Judicial, en la fiscalía, en la policía, en la política, en el Congreso o en autoridades regionales. Pero hoy hay muchísima más conciencia ciudadana y los empresarios no podemos desligarnos.

¿Cuál debe ser el rol de los empresarios?
Las empresas tienen que cambiar su actitud pasiva. Si tengo buenas prácticas y programas de combate a la corrupción y de buen gobierno corporativo, me toca influir positivamente en mi cadena de valor (proveedores, clientes, abogados y gestores de intereses). Pero, también me toca influir en políticas públicas para saber qué origina la fiebre y cómo mato la infección. Me debo pronunciar, no puedo seguir poniéndome de costado porque antes que empresario soy un ciudadano, soy peruano y no puedo ser indiferente.

Dos firmas que trabajan junto a ex consorciadas con Odebrecht me decían que seguirán trabajando con estas compañías porque, de comprobarse los delitos, las corruptas serían las personas, no las empresas.
En efecto, las personas son las corruptas. No podemos pretender cerrar empresas por conductas de algunos de sus dirigentes. Las empresas tienen su propia personería jurídica y, además, tienen trabajadores, proveedores y obligaciones con el Estado. No puedes matar a la empresa porque cortas la cadena de pago y causas un peor problema.

Entonces, ¿está en contra del DU 003 que pretende impedir que participen en futuras licitaciones públicas?
El 003 tuvo buenas intenciones, pero fue pésimamente diseñado y ahora, con las modificaciones del Congreso, están agravando el problema. Aunque se debe hacer responsable a la empresa no podemos matarla.

Tras lo sucedido, ¿habrá un verdadero cambio en el tratamiento del gobierno corporativo en las empresas?
El buen gobierno corporativo es fundamental, pero hay que ser realistas, el problema estaba en que se creía que había que ganar las licitaciones comprando voluntades.

¿Cuál debe ser el rol de los directorios?
Los directorios van a ser mucho más sensibles al riesgo de corrupción y las empresas deberían tener un sistema ad hoc de prevención y combate a la corrupción, pero también se deben hacer públicos los resultados de los programas de cumplimiento, prevención y combate a la corrupción.

¿Se podrá?
Claro, se requiere de una buena dosis de valentía y coraje y, sobre todo, de visión. Sería un extraordinario paso en el sector privado.

Pero el año pasado una encuesta de EY revelaba que cerca del 50% de los equipos financieros justificaría comportamientos poco éticos con el objetivo de alcanzar metas financieras.
Si fuese así, no significa que eso no pueda cambiar. Pero se trata de un cambio desde la cabeza, es en ese lugar donde se parte el pastel para hacer las reformas y los cambios.

¿Lograremos hacerlo en el breve plazo?
Si no se hace, ponemos en serio riesgo a la sostenibilidad empresarial. Aquellos líderes que tengan la visión suficiente y hayan desarrollado ese nivel de conciencia, lo van a hacer, no tengo duda, pero se requiere una visión de largo plazo. Quizá al inicio te signifique perder algunos negocios y tu competidor te gane porque usó malas armas pero, al final del día, serás sostenible.

¿Qué esperar de la clase empresarial a la que pertenece?
El sector privado tiene que bajar de la tribuna, ir a la cancha, jugar y ganar el partido. Eso es liderazgo y visión de largo plazo. No debemos seguir jugando el rol de víctimas sino de líderes, no podemos desentendernos porque no somos gobierno, tenemos que participar.

Al final de túnel, ¿Lava Jato permitirá iniciar la verdadera lucha contra la corrupción?
Podría ser el punto de quiebre y aquello que nos abra los ojos.

¿Cómo avizora a la clase empresarial después de este escándalo?
Si participamos y dejamos el miedo atrás y la hipocresía de decir lo que es políticamente correcto, y nos involucramos con acciones y predicamos con el ejemplo, veo a una clase empresarial exitosa, generando empleo y bienestar, con impactos positivos en el país.

¿Participando con efectos positivos en política, porque hay quienes dicen que como políticos no la hacen?
Esa es una falsa dicotomía porque, sin pertenecer a un partido, los empresarios sí hacemos política, que es ejercer influencia positiva en lo que tiene que ver con el bien común, con el progreso del país y su desarrollo.

¿Veremos gremios más fortalecidos?
Insisto, si es que nos damos cuenta de la responsabilidad que tenemos y cambiamos nuestras actitudes, sí, incluso mejoraremos la percepción que tiene la ciudadanía sobre nosotros, que no tiene una buena percepción de los empresarios, y no le echemos la culpa a las ONG, a los medios o a los de izquierda, es un tema nuestro y no es gratuito.

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