(Foto:Shutterstock)
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Pablo Lavado

Economista

La primera semana de enero de todos los años se lleva a cabo la reunión anual de la Sociedad Americana de Economía. Es un evento importante, ya que no solo reúne a los de las universidades más prestigiosas del planeta, sino también sirve como vitrina para los recientemente graduados del doctorado en economía de todo el mundo en búsqueda de trabajo.

Este año se le ha dado especial importancia al tema de la baja participación de los grupos minoritarios en la económica y, en particular, el caso de las .






De hecho, Ben Bernanke, ex jefe de la Reserva Federal (entidad encargada de la política monetaria de Estados Unidos), mencionó que es prioridad de la conferencia el tema de la inclusión y el acoso sexual, añadiendo que “la baja participación [de las mujeres] es algo malo para ellas y malo para la profesión”.

Dentro de ese mismo espíritu, se organizó un panel: “¿Cómo la economía puede resolver el problema de género?”. En dicho panel participaron Susan Athey (Stanford University), Marianne Bertrand (Universidad de Chicago), Sebnem Kalemli-Ozcan (Universidad de Maryland) y Janet Yellen (Brookings Institution). Es impresionante escuchar las experiencias de acoso sexual y maltrato no solo a las profesoras, sino también a las estudiantes y a las asistentes de investigación. Se hizo un llamado a no tener miedo a denunciar estos hechos.

Pero no todo se reduce al tema físico, también existe el “sesgo implícito”, tal como lo llaman, en el ejercicio de la misma profesión: paneles compuestos por solo hombres, trabajos de investigación escritos por grupos de hombres, cursos dictados solo por hombres, facultades compuestas solo por hombres e incluso seminarios con preguntas agresivas, elaboradas principalmente por hombres.

Hay un esfuerzo por incrementar la proporción de mujeres dentro de la profesión, y en particular la academia.

La literatura menciona algunas alternativas: mentoría, incremento de mujeres en el alumnado (no solo en pregrado sino también en el posgrado) y en la facultad, más seminarios asociados al tema, reglas claras e iguales para la promoción y códigos de conducta explícitos que protejan a las víctimas y castiguen severamente al infractor (en la actualidad hay varios casos en facultades de Economía norteamericanas).

Lamentablemente, este tema no es exclusivo de la economía. Esta conducta la observamos en otros ámbitos: hogar, trabajo, clubes e iglesias de todo tipo. El problema es que nos hemos quedado callados.

Es hora de actuar y de generar estos espacios en donde todos podamos tener las mismas oportunidades sin importar, en general, las características físicas de las personas. Como sociedad, y de acuerdo con la evidencia, nos vamos a enriquecer de los espacios en donde la diversidad existe.