Por Jorge Paredes Laos

La ficción no admite concesiones. En “No miren arriba” (Don’t Look Up), dos astrónomos viven una verdadera odisea para convencer a una embobada humanidad —incluido sus políticos— que el fin está cerca. Un cometa de nueve kilómetros se dirige a la Tierra y no habrá nadie que pueda sobrevivir a tamaño cataclismo. Para la ciencia, la hipótesis existe: hace 66 millones de años, a fines del Cretácico, un meteorito de entre once y doce kilómetros de diámetro impactó en la península de Yucatán y aceleró la última extinción masiva conocida, la de los dinosaurios. Sin embargo, no existen evidencias de que algo así ocurra en un futuro ni siquiera lejano. “No pasará en tiempos humanos”, apunta el biólogo peruano y experto en fósiles Iván Meza Vélez. Pero esta no es la única amenaza interestelar. Lo real es que todo el tiempo cuerpos conocidos como NEO (Near Earth Object) —algunos miden centímetros; otros, decenas de metros— están próximos a nuestro planeta y vienen siendo monitoreados al detalle por astrónomos en el mundo. Se descubren alrededor de 3.000 de estos cuerpos cada año.

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