Silvio Rodriguez lanza "Para la espera", un disco en el que ha trabajado entre 2010 y este año. (Foto: AP/David Goldman)
Silvio Rodriguez lanza "Para la espera", un disco en el que ha trabajado entre 2010 y este año. (Foto: AP/David Goldman)
Ricardo Hinojosa Lizárraga

Te doy una canción y hago un discurso/ Sobre mi derecho a hablar/ Te doy una canción con mis dos manos/ Con las mismas de matar/ Te doy una canción y digo: “¡Patria!”/ Y sigo hablando para ti, cantaba hacia 1978. Un canto que, con los años, se ha ido entendiendo en la justa medida de sus paradojas como artista. Aunque ha sido crítico con el régimen cubano en temas muy precisos, mientras más prolonga su vínculo con la Revolución, más difícil le resulta rescatar su poesía, dejarla incólume ante los ojos de sus detractores. Felizmente para él y para sus cientos de eternas canciones, no todos sus seguidores son de izquierda y no todos los que lo son, son tan ortodoxos como para dejar de oírlo solo porque alguna de sus opiniones no les gusten.

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Después de todo, la sola pronunciación de su nombre evoca sensaciones positivas, delicadas metáforas, un talento cumbre en las líricas de la música latinoamericana, capaz de guiarnos por los requiebros del sentimiento, como también por los del alma y la consciencia social. Himnos nacidos, como él mismo cantó, en la era que estuvo pariendo un corazón. Temas como “La Maza”, “Playa Girón”, “Sueño con serpientes” o “Unicornio” sellan ese pacto.

Hoy, además, sin la posibilidad de las giras o los conciertos, Silvio ha reafirmado el vínculo con sus seguidores, gracias a la tecnología. Aunque no tiene cuenta en Instagram ni hace videos de Tik Tok o entra en polémicas vía Twitter, mantiene una constante relación con sus seguidores a través de su canal oficial de YouTube – que siguen 142 mil personas- y por otra vía más old school: un blog, Segunda cita –nombrado como su disco del 2010 e iniciado ese mismo año- en el que comparte artículos que le interesan o publica reflexiones de su autoría o anécdotas sobre su vida. Todo es compartido también en una cuenta de Twitter, @citaconsilvio, que cuenta con más de 163 mil seguidores. El dato aparece como una irónica revolución para uno de los artistas más representativos de un país que no se caracteriza precisamente por sus libertades o su acceso a la comunicación global.

“Para la espera” –su vigésimo trabajo en estudio- es un disco grabado, mezclado y masterizado en los estudios Ojalá, en La Habana, Cuba, entre el 2010 y este mismo año, que se ha ido lanzando de a poquitos. Como de a poquitos también, lamentablemente, se le han ido yendo algunos amigos. A poco de comenzadas las cuarentenas en este lado del mundo, el 24 de marzo, falleció el dibujante y cineasta cubano Juan Padrón, creador de Elpidio Valdés y “Vampiros en La Habana”. Luego, el 4 de abril, partió Luis Eduardo Aute, como consecuencia del infarto cerebral que sufrió en agosto del 2016. Pocos días después, el 16 de abril, el escritor chileno Luis Sepúlveda perdería su lucha contra el coronavirus. Sin apenas poder recobrar la respiración, el día 22 Silvio recibió otra noticia fatal: Marcos Mundstock, uno de los más queridos integrantes de Les Luthiers, sucumbió a un tumor cerebral que lo aquejaba hacía casi 3 años. Todos eran sus amigos y Silvio no pudo despedirse de ellos. Por eso, les ha dedicado este disco.

Tengo una carpeta que se llama Siglo XXI, que contiene las primeras versiones de los temas compuestos desde el 2000 hasta hoy –confesó el cantautor hace poco en una entrevista-. “Para la espera” son algunos de esos temas, poco trabajados, un poco con el aliento que tienen las cosas cuando nacen. Todo está como fue concebido, apenas con unos pocos instrumentos o voces agregados por mí mismo. Viendo que todo el mundo está tratando de aportar algo en estas circunstancias especiales, me dije: “¿Por qué no extraer algunos de estos primeros acercamientos, tal como están?”. Y eso estoy haciendo.”

CAUSAS Y AZARES

Decíamos que “Para la espera” es un álbum que fue lanzando “de a poquitos” y es cierto. Semana a semana, durante un mes, Silvio publicó un adelanto de cuatro canciones que serán parte de un disco que, nuevamente, es un alegre retozar de trova y jazz. Así, el 15 de mayo lanzó “La adivinanza”; el 22 “Noche sin fin y mar” –dedicada expresamente a Luis Eduardo Aute, al que alcanza en versos como “Desde la noche sin fin/ baja una estrella hasta el mar/ luz que se quiere dormir/en la fresca oscuridad”-; el 29 fue el turno para “Viene la cosa” (“Viene la cosa, por más que sea injusta y ofenda/ viene la cosa a exhibir desparpajo total/ Viene la cosa invocando lo que le convenga/ porque ha pasado de moda la noble moral…”) y el 5 de junio “Danzón para la espera”, la última entrega antes del lanzamiento oficial del disco, que incluyó un videoclip que guarda una entrañable historia familiar. “Este es un clip que hizo mi hija Malva con un celular, en plena cuarentena. Iba a ser un recuerdo familiar, pero me gustó tanto que decidí compartirlo”, ha contado Silvio en su canal de YouTube. “Un amor para decir te espero/ una piel donde aprender fragancia/ un azul para volver/un sinsonte para ser/y un danzón para bailar el ansia” dice la letra, casi un canto de esperanza para enfrentar la pandemia, a pesar de que fue escrita originalmente el 2015.

“Cuba y en general los países con Estados fuertes han demostrado estar más preparados para un evento como esta pandemia que el mundo llamado liberal –ha declarado recientemente el artista, fiel a sus ideas-. Esto ha desatado cierta suspicacia, para mí fascistoide, de comparar la disciplina que imponen estas circunstancias con la pérdida de libertades. Está claro que ninguno de estos ideólogos anda rozándose con la gente por la calle”. Un hombre de ideas e ideales como él, tenía que referirse también al futuro inmediato que nos espera tras el estado de emergencia: “Por lo que yo he vivido, intuyo que todo va a tratar de seguir siendo lo más parecido posible a lo que fue. Creo importante que se sepa aprovechar todo este movimiento pensante que la pandemia ha provocado, esta –digamos– conciencia universal de cosas que nos estaban haciendo mal, a los humanos y al planeta, y de lo que ganaríamos haciéndolas mejor.

Nacido en San Antonio de los Baños, Cuba, en noviembre de 1946, Silvio pasó de ser un aprendiz de dibujante que tomó la guitarra casi por casualidad en su servicio militar, a apoyar las campañas de alfabetización de la revolución cubana y convertirse en símbolo de la Nueva trova, al lado de otros compatriotas suyos, como Pablo Milanés o Vicente Feliú. Quizás por ese carácter, aceptado por él mismo, de pintor frustrado, es que sus canciones se convierten fácilmente en imágenes tan nítidas, tan cotidianas, tan naturales que hacen sencillo caminar con ellas en la vida. “En lo más profundo se canta para hacer feliz a la gente”, ha dicho él también. Hoy, el más de millón y medio de oyentes que disfrutan de su música, cada mes, en una plataforma como Spotify, confirman que la poesía y la trova no han quedado en el olvido. Porque, como el mismo Silvio cantó alguna vez, son la rabia simple del hombre silvestre.

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