Lo primero que tocó con su flauta dulce fueron cumbias, salsas y marchas militares, como cualquier banda escolar promedio, cuando estudiaba en el colegio Mundo Mejor, en Chimbote. Luego se cambió a la trompeta –”porque era el único instrumento que había libre”, confiesa– y por entonces es que comenzó su interés por la música clásica. Por eso pasó brevemente por proyectos sociales como DaCapo Perú y Arpegio.

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