Catherine Contreras

Se sentían extrañas ensayando una obra que apela a la estabilidad mientras buena parte del Perú era víctima de la propia fragilidad ante los embates de la naturaleza. Y aunque el show debe continuar, el momento actual demandaba una dosis de reflexión y solidaridad. Por eso y las tres bailarinas que forman parte de “La vida del equilibrio” (Ana Brito, Cory Cruz y Carola Robles) decidieron donar el fruto de su trabajo en la reposición de esta obra a los miles de damnificados por los desastres naturales.

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“El equilibrio es algo tan difícil. Siempre está ahí, pero podría no estar”, reflexiona la coreógrafa, consciente de que estos últimos días el país se ha mostrado vulnerable. Hemos experimentado lo que ella llama un seudoequilibrio, ese espacio en que la amenaza de ruptura está ahí, latente. Sucede en el país, como en la vida de las mujeres que tras experimentar una década de solidez y estabilidad empiezan a preguntarse cuánto durará aquello. Y qué pasará después.

DOS DE TRES
Dirigida y creada por Pachi Valle Riestra, “La vida del equilibrio” es una puesta en escena que se estrenó en diciembre último y corresponde a la segunda entrega de una trilogía que arrancó a fines del 2015 con el espectáculo “Tita y Lola, Lola y Tita”.

En aquella entrega, la coreógrafa tradujo al código de la danza contemporánea la fuerza y vitalidad, pero también la polaridad de las mujeres que se acercan a los 30 años. Hoy, la destacada bailarina avanza en el ciclo de la vida para dirigir su mirada a la siguiente década: los 40.

“En la etapa previa a los 40 todo juega a favor de una: experiencia profesional, madurez, energía y juventud. Todo está en su punto. ¿Pero cuánto puede durar ese equilibrio?”, se pregunta la directora, que recibió críticas halagadoras tras el estreno de “La vida del equilibrio”, una obra que desarrolla la fortaleza de la mujer, no sus debilidades ni el sufrimiento, tampoco el drama. Porque de eso ya hay mucho en esta vida, y hoy más que nunca lo sabemos.

¿Qué siente la directora al volver sobre esta creación? “Es difícil verla con objetividad. Desde mi lado, la miro y descubro que le tengo un montón de cariño. Pero luego comienzo a criticarla –porque querer no significa no hacerlo–, y también siento que algunas cosas que antes no había valorado tanto ahora cobran más sentido […] Estoy calibrando nuevamente”, considera. Pachi está feliz de lograr este regreso a escena, porque aunque la danza es efímera, un trabajo como este merecía una reposición.

“La danza es maravillosa y por eso también es ingrata. Pasamos por todo un proceso de creación e investigación, que toma su tiempo porque se crea de cero, y de pronto todo concluye en unas cuantas funciones, ¡se acabó!”. Así, como si hubiera dado vida a un “hijo” que rápidamente se aleja, con este reestreno la obra regresa nuevamente a su creadora, al elenco, para en este reencuentro conocer bien aquello que gestó, pero también ha evolucionado. “Estas obras siempre se van a seguir transformando, van cuajando. En este caso las bailarinas van cambiando y la directora [ella] también tiene otra mirada”, destaca.

TRES, EL GRAN FINAL
Aunque no lo parece, la década del 50 empieza a envolver con su baile a Pachi Valle Riestra, que suma 48 años. Debería entonces dedicar su tiempo a preparar el estreno de la obra que cerraría esta trilogía de vida. “Lo iba a hacer este año –confiesa– pero no será así”. Considera que para esta tercera entrega ella debe reaparecer, estar presente en escena. Y nos asegura que lo hará, pero no bailando.

Pachi Valle Riestra dejó de bailar por una lesión en la rodilla.

Pachi Valle Riestra dejó de bailar por una lesión en la rodilla.

Pachi –que dejó de bailar en el 2013, a causa de una lesión en la rodilla– imagina que para el cierre de su trilogía hará un cambio de formato, algo de videodanza quizá, “que cuente el momento puro y duro de mi vida actual”, dice. Tiene que ver con la mujer que es hoy, tras vivir cuatro décadas dedicadas al baile (empezó a los 7 años), y tras crear decenas de obras que llevó a escena desde que a los 21 años se graduó en la SUNY Purchase College (Universidad del Estado de Nueva York). Tiene que ver con la bailarina que no extraña subir a las tablas y con la coreógrafa y maestra de danza contemporánea que es hoy.

Tiene que ver también con la mirada crítica sobre la situación de la danza hoy. “Hay pocos espacios que le abren sus puertas a la danza, hoy menos que antes. Pero tampoco hay un hábito de ir a ver danza escénica. Por eso me parece genial, por ejemplo, el Programa de Formación de Públicos [del Gran Teatro Nacional] donde los niños participan y forman su criterio y sus gustos. Eso es fundamental”, afirma.

DÓNDE:

Lugar: auditorio Julio Ramón Ribeyro del Centro Cultural Ricardo Palma. Dirección: Av. Larco 770, Miraflores. Fechas y hora: martes 4 y miércoles 5, 8 p.m. Entradas: S/25 general, S/10 estudiantes y jubilados. Preventa S/20 en pachivalleriestradanza@gmail.com (hasta el 3 de abril).

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