Oriente MedioEl Comercio con Francisco, por Rossana Echeandía
Sobre una campaña de valores.
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Nadie tiene más ‘paparazzi’ persiguiéndolo cada vez que asoma su figura fuera de casa. Ni los tan famosos como esquivos Angelina Jolie y Brad Pitt sufren el acoso constante de tanta gente. Cada día, cientos, miles, quieren tener la foto del instante en que él pase cerca de ellos, mejor si se detiene a escuchar o decir unas palabras; más aun, si el encuentro ocurre durante alguna audiencia en la que hay menos gente y es posible conversar un poquito más.
Yo tuve la fortuna de encontrarme en la última situación y debo decir que el papa Francisco da la sensación de que su interlocutor fuera la única persona presente en medio de esa permanente multitud. Su atención, su actitud de escucha y de acogida están tan concentradas en la persona a la que atiende que parece que ni siquiera escuchara el enorme barullo alrededor.
Aquel día, el 5 de febrero, este hombre de 76 años entró al Auditorio del Sínodo (a un costado de la famosa aula Paulo VI) en el Vaticano. Eran cerca de las cuatro de la tarde. Allí unas 400 personas lo esperábamos. Verlo, escuchar sus palabras y tener la posibilidad de saludarlo personalmente era lo que cada uno quería. Ver la expresión de la gente fue otro espectáculo. Francisco apareció y 400 rostros fueron incapaces de disimular la emoción. No es necesaria mayor explicación. Cada uno sabe qué le pasa cuando algo lo conmueve: eso se desborda por los ojos y se advierte en la tensión de los músculos que quieren controlarla para que no estalle.
Entre esos 400 estábamos los representantes de diez diarios latinoamericanos, yo por El Comercio, que poco antes, en el aula Paulo VI, habíamos suscrito el convenio de adhesión a una iniciativa muy querida por el Papa, Scholas, la red de alcance mundial que busca favorecer la integración y fomentar la paz entre los pueblos por medio de la educación, un asunto en el que los medios de comunicación pueden contribuir de manera eficaz, tal como después nos diría el Papa. Scholas, según nos explicó, trabaja para hacer posible una cultura en la cual el encuentro auténtico entre las personas, aceptando sus diferencias, sea posible. Para ello se necesita un mundo donde valores como integración, diversidad, solidaridad, participación, honestidad, preocupación por el medio ambiente y la paz sean los que inspiren las relaciones.
Además de los diez medios de comunicación, otras instituciones importantes también firmaron la adhesión a Scholas. Josep Bartomeu, el presidente del club de fútbol más famoso del mundo, firmó por el Barza, y los representantes de Google, IBM, entre varias otras compañías, suscribieron lo que pretende ser un compromiso por el encuentro a través del deporte, el arte, la creatividad y la tecnología.
El propio Francisco agradeció a los medios de comunicación por el esfuerzo desplegado para hacerle frente a lo que él considera un gran desafío creativo. Para él es necesario un pacto educativo que abarque tres lenguajes: el de las manos, el de la mente y el del corazón; es decir, el hacer, el pensar y el amar, para buscar el despliegue armonioso de la persona en su integridad.
Para ello, Francisco también destacó la importancia de desarrollar las dimensiones lúdica, que se plasma en el juego, sobre todo si es en equipo; la creativa, en busca de la belleza a través del arte, del conocimiento de la propia identidad cultural y de las propias raíces; así como la tecnológica. Este es el desafío concreto al que nos ha invitado el papa Francisco.











