ÁfricaAdiós, DBA y caviares; bienvenidos, buferos
“Los partidos necesitan menos francotiradores y más ‘buffers’. Menos expertos en viralizar broncas y más expertos en construir treguas”.

Tecnóloga, @Techtulia

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La política peruana está a punto de cambiar de etiqueta. Ya no bastará saber si alguien es caviar o DBA para posicionarlo en la cancha. Lo que se va a poner de moda –y que más bien urge– son los perfiles buferos: esos que no te obligan a pensar dos veces en asistir o no a una reunión ni a revisar tu lista de bloqueados en redes.
Durante años, las discusiones políticas en el Perú han estado marcadas por el binarismo. Se votaba ‘contra’ más que ‘por’, y se tildaba de enemigo a quien no compartía la indignación de turno. Así nació una fauna de etiquetas que sirvieron más para linchar que para entender. El problema es que esa taxonomía ha envejecido mal. Llamar caviar a alguien es casi tan viejito como usar Hotmail. Y gritar DBA suena más a hashtag pasado de TikTok que a argumento político.
El punto no es solo semántico: es estratégico. En un país donde cada proceso electoral parece una mezcla de reality show y partida de paintball, seguir cultivando el antagonismo como método de posicionamiento político no solo es insano: es peligroso. Porque esta vez la violencia no será solo simbólica. Todo apunta a que las elecciones del 2026 serán las más tensionadas que hayamos vivido en democracia, no solo por el nivel de polarización, sino por el avance del crimen organizado, la extorsión y el sicariato.
En este contexto, lo verdaderamente disruptivo será construir candidaturas que no necesiten enemigos para tener identidad. Y allí entra en juego el perfil bufero (una liberalidad de la autora, derivada del inglés ‘buffer’): alguien que no se define por quién odia, sino por cuántos puentes puede tender. Que no necesita incendiar las redes para tener presencia. Que no busca la validación del griterío digital, sino que se concentra en armar puentes (dentro y fuera de los partidos).
¿Suena ingenuo? Puede ser. Pero es mucho más realista que seguir apostando por candidaturas que solo saben movilizar a punta de resentimiento o victimización. El/la bufero/a no niega las diferencias ni pretende neutralizarlas. Las gestiona, las encauza, les baja el volumen emocional para que podamos, al menos por un rato, conversar sin necesidad de pasarnos el detector ideológico cada cinco minutos.
En los pasillos partidarios, los perfiles buferos pueden parecer incómodos, porque no gritan lo suficiente, no se pelean con nadie. Pero son esos mismos atributos los que los hacen valiosos. Son como las zonas de amortiguamiento en conflictos internacionales: espacios intermedios que bajan la tensión, contienen la posibilidad de estallido y dan lugar a soluciones viables.
Porque, seamos honestos: ya no es valiente gritar más fuerte. Lo valiente será quedarse en la conversación cuando todo invita a retirarse. Y lo verdaderamente innovador será construir una carrera política sin necesidad de disparar a todo lo que se mueve.
Los partidos necesitan menos francotiradores y más ‘buffers’. Menos expertos en viralizar broncas y más expertos en construir treguas. Quizá por ahí pase el nuevo voto antisistema: no por el que lo quiere quemar todo, sino por quien tiene el raro talento de apagar el incendio sin desaparecerse.










