es/ NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.
Centro Histórico de Lima
“Primero que nada, el CHL debe dejar de ser el centro funcional de la metrópoli”.

Arquitecto y urbanista. Cofundador de la Red Latinoamericana de Urbanistas
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El Centro Histórico de Lima (CHL) es el principal nodo funcional y el espacio de mayor carga simbólica de la metrópoli nacional. Su ubicación estratégica, que refuerza su alto valor comercial, y la concentración de instituciones generan fuertes tensiones con las normas planteadas por Prolima para conservar su valor patrimonial, a través de la preservación de los 64 espacios monumentales y las más de 2.000 edificaciones históricas catalogadas.
El Centro Histórico de Lima (CHL) es el principal nodo funcional y el espacio de mayor carga simbólica de la metrópoli nacional. Su ubicación estratégica, que refuerza su alto valor comercial, y la concentración de instituciones generan fuertes tensiones con las normas planteadas por Prolima para conservar su valor patrimonial, a través de la preservación de los 64 espacios monumentales y las más de 2.000 edificaciones históricas catalogadas.
Como comenté en una anterior columna –“Lima, ciudad milenaria”–, cuando los españoles llegaron al valle del río Rímac encontraron un territorio verde y productivo, articulado por canales y caminos que conectaban centros administrativos y religiosos.
Los ejes principales eran el que recorría la costa de norte a sur y el que acompañaba el cauce del río hasta el océano Pacífico; en el cruce de ambos se fundó la Ciudad de los Reyes. Esta estructura territorial de origen prehispánico permanece vigente hasta nuestros días. En consecuencia, la red vial metropolitana atraviesa el CHL en ambos ejes, y la actividad económica aprovecha su ubicación estratégica para convertirlo en un gran centro mayorista y minorista. Esta situación, sumada a las limitaciones normativas que restringen el desarrollo de edificaciones en altura, distorsiona el mercado del suelo. El sector formal concentra su interés en desarrollos comerciales de pocos pisos —galerías, almacenes y centros logísticos—, mientras el sector informal capitaliza el alto valor comercial con edificaciones ilegales que superan la altura normativa, utilizando recursos judiciales para frenar las acciones administrativas.
¿Qué medidas ayudarían a revertir esta situación? Primero que nada, el CHL debe dejar de ser el centro funcional de la metrópoli. Ello implica canalizar los flujos vehiculares hacia el norte a través de la avenida Alfonso Ugarte, y redirigir los que buscan el este mediante la prolongación de la avenida Grau y su conexión con la avenida Próceres de la Independencia, siguiendo el trazado del metro. Asimismo, debe priorizarse el tramo 2 del Anillo Vial Periférico Norte para desviar los movimientos logísticos del eje este-oeste hacia Lima norte y el Callao, evitando su paso por la avenida Nicolás Ayllón. Segundo, es necesario revisar la normativa urbanística del CHL, incorporando mecanismos que permitan financiar la recuperación del patrimonio mediante la capitalización del valor del suelo. Avenidas como Tacna, Abancay y Grau presentan perfiles urbanos que podrían sustentar una mayor edificabilidad controlada, alcanzable a través de herramientas como la venta de derechos edificatorios. En paralelo, el Instituto Metropolitano de Planificación debe regular la edificabilidad en el entorno inmediato del CHL, y condicionar el cambio de zonificación de los predios industriales ubicados en el Cercado de Lima a la transferencia de derechos de edificación (DAET) generados en el propio Centro Histórico. De esta manera, el crecimiento inmobiliario contribuiría directamente a su financiamiento.
Un tema relevante son los depósitos y almacenes ubicados dentro del CHL, especialmente en Barrios Altos. Estos responden a su vocación comercial, a parámetros urbanísticos restrictivos, y a la ausencia de nodos logísticos que atiendan la demanda del sector. Modificar esta dinámica es esencial, pero no basta con prohibir ciertos usos. Se requiere una transición planificada que traslade progresivamente estas actividades hacia zonas con mejor accesibilidad, mientras se impulsan proyectos integrales de renovación urbana que devuelvan calidad residencial y espacial al Centro Histórico. Finalmente, es fundamental ampliar la lectura histórica del CHL, reforzando la valoración de su pasado milenario, visible en los restos de edificaciones, canales y caminos que fueron la base de la ciudad virreinal y republicana. De esta manera, se ampliará su significado cultural y se incorporará a las poblaciones presentes desde los inicios de su ocupación. Como vemos, recuperar estructuralmente el CHL demanda una visión estratégica de escala metropolitana. Para ello, Prolima –que viene realizando una labor destacable– requiere de un marco de coordinación interinstitucional donde se alineen las normas, inversiones y proyectos, garantizando una transición sostenible entre las actividades económicas de escala regional y el Centro Histórico, patrimonio cultural de la humanidad.












