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Durante dos décadas, el Perú ha tenido un crecimiento positivo del PBI gracias a las exportaciones, la inversión directa extranjera y al impulso de sectores como la minería, la manufactura, los agronegocios y la construcción, incluso en medio de una creciente inestabilidad política. Sin embargo, este dinamismo ha mantenido las brechas económicas y sociales territoriales, las cuales inciden en el estancamiento de la competitividad regional. El Índice de Competitividad Regional del Perú (ICRP) 2025 confirma que el crecimiento económico sigue disociado del desempeño regional: la costa es claramente más competitiva que la sierra y la selva, reproduciendo la histórica dinámica de “tres países en uno”.
Esta fractura se refleja en la persistente debilidad institucional, la desigual provisión de servicios públicos, las limitadas oportunidades fuera de la costa y la incapacidad para reducir la vulnerabilidad estructural social de millones de peruanos. En varias regiones, la informalidad –e incluso las economías ilegales– parecen convertirse en motores de crecimiento, sosteniendo parte del consumo y la actividad económica, pero profundizando desigualdades, deteriorando la seguridad ciudadana y frenando el desarrollo sostenible.
Los resultados del ICRP 2025 muestran que, pese al gran potencial económico del país, el desarrollo futuro exige un enfoque territorial más equilibrado y estratégico. El Perú se encuentra en un punto de inflexión: o apuesta por políticas de largo plazo que reduzcan las desigualdades regionales, o corre el riesgo de profundizar las brechas existentes y limitar su capacidad de crecimiento. Los próximos años serán decisivos.
Para lograrlo, el país requiere de instituciones fuertes; un marco jurídico estable, predecible y efectivo; y políticas públicas que fortalezcan la justicia, la educación de calidad, el buen gobierno, y la gobernanza ética, la infraestructura y la inversión estatal y privada. Solo despejando la cancha para que las empresas crezcan y para que las personas desarrollen plenamente sus capacidades será posible alinear las competencias y los recursos regionales, cerrar brechas sociales y de infraestructura social y productiva y transformar el crecimiento económico en un bienestar equilibrado y en calidad de vida.
El Perú necesita una estrategia nacional que vincule crecimiento económico con progreso social y competitividad territorial. Solo así podrá dejar atrás las disparidades existentes y así avanzar hacia la construcción de un país donde las oportunidades se den, donde crece el talento y donde el crecimiento económico está asociado al esfuerzo y al bienestar de cada ciudadano y ciudadana.

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