Un fallo reciente de la Corte Superior de Justicia de Lima ordena a Ositrán abstenerse de regular las operaciones del puerto de Chancay, salvo en lo concerniente a las tarifas, que pueden o no ser reguladas, dependiendo de la conclusión a la que se llegue con respecto a las condiciones de competencia entre Chancay y los puertos del Callao. Este asunto está aún por definirse, pero un informe del Indecopi de abril pasado, que se puede encontrar fácilmente navegando un rato en el ciberocéano, concluía que no hay una competencia efectiva en determinados servicios, como el de amarre y desamarre de naves portacontenedores. Ositrán tiene que decidir si regula o no regula las tarifas.
El argumento principal del Indecopi es que los agroexportadores de Huaral y sus alrededores son un mercado cautivo para el puerto de Chancay, pues su única alternativa es mandar su carga por tierra al Callao, incurriendo en un costo adicional y, además, una demora adicional porque no hay líneas que vayan desde allí sin escalas a Shanghai. Si no se regulan sus tarifas, por lo tanto, el puerto de Chancay podría elevarlas hasta un límite equivalente a las tarifas del Callao más todos los costos adicionales que eso implica. Lo que el Indecopi parece olvidar es que, antes de que existiera el puerto de Chancay, los agricultores de Huaral y alrededores ya usaban esa ruta y pagaban esos costos adicionales. La falta de regulación tarifaria no los pone en una situación peor.
Pero inclusive ese límite a las tarifas de Chancay puede bajar como resultado de la competencia si Ositrán desregula las tarifas del Callao. Los transportistas que llevaban al Callao los productos de Huaral también tienen un incentivo para hacerse reducir sus precios porque no quieren perder ese negocio. Y quién sabe las navieras comiencen a hacer “vuelos directos” del Callao a Shanghai.
La desregulación abre un mundo de posibilidades, y por eso debería extenderse a todos los puertos del país, no solamente al Callao y Chancay. La distancia a uno u otro puerto no elimina la competencia; es solamente un elemento más en la fórmula del costo total de llevar un producto “de la chacra a la olla”, como decía un viejo eslogan. Un puerto puede estar en desventaja geográfica frente a otro, pero compensarla con otros atributos, como la velocidad de embarque, el costo de almacenamiento y la tarifa, por supuesto. Cada exportador o importador verá cuál es la combinación que más le conviene.
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