Después de las elecciones

“No hace mucho tiempo, los presidentes eran elegidos y terminaban, aunque con tropiezos, sus períodos quinquenales”.

    Martín  Tanaka
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    Profesor principal en la PUCP e investigador en el IEP

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    "Lo ideal sería que elijamos a un presidente representando a un partido que entienda que la tarea de gobernar implica, en primer lugar, preocuparse por resolver las demandas de los ciudadanos". Composición e ilustración: El Comercio
    "Lo ideal sería que elijamos a un presidente representando a un partido que entienda que la tarea de gobernar implica, en primer lugar, preocuparse por resolver las demandas de los ciudadanos". Composición e ilustración: El Comercio

    ¿Qué esperar de las próximas elecciones generales? Evidentemente, no hay manera de saber a estas alturas cuáles serán los resultados, qué candidatos pasarán a la segunda vuelta, cuántos partidos pasarán la valla electoral y lograrán representación, cómo quedará configurado el Congreso. La gran preocupación es que, con distintos protagonistas, acabemos escenificando la misma obra (o incluso una versión aún peor) que hemos visto desde el 2016: un nuevo presidente o presidenta débil, que llega al poder por accidentes de la competencia electoral; sin un partido con cuadros o militantes capaces, sin una mínima experiencia, sin mayor cohesión interna. Donde la bancada del partido de gobierno no tiene mayoría ni liderazgos sólidos, y que muy rápidamente se divide. Con un Congreso donde pocos partidos logran representación, y la mayoría de electores no se siente representado; con partidos donde proliferan intereses individualistas y no posturas ideológicas o programáticas. Donde tienden a formarse mayorías en torno a posturas populistas, conservadoras y contrarreformistas; donde encontramos nexos con actores informales e ilegales, que actúan transversalmente a las etiquetas partidarias. Donde la combinación de todo esto se traduce en políticas públicas ineficaces, incapaces de atender las necesidades de los ciudadanos. Donde, con liderazgos precarios, se cometen errores o se incurre en situaciones cuestionables, se dan luego justificaciones insuficientes y contradictorias, y el Congreso amenaza con mociones de censura o vacancias. Donde, si cae el presidente, la presidencia cae en manos de algún vicepresidente con aún peor manejo que el presidente destituido, y el ciclo continúa y empeora.

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