Las acusaciones de “nazismo” o de “fascismo” contra el gobierno de Donald Trump se están volviendo cada vez más frecuentes entre sus críticos. Los señalamientos van dirigidos en particular contra el Servicio de Control y Administración de Aduanas (ICE) por las acciones contra los inmigrantes ilegales e, incluso, en ocasiones, contra residentes legales o ciudadanos estadounidenses. El propio gobernador de Minnesota, Tim Walz, la ha tildado de “Gestapo”.
Sin duda, el ICE recurre actualmente a tácticas muy agresivas para capturar y deportar a los inmigrantes indocumentados. Anteriormente, se les buscaba sobre todo en las cárceles y comisarías, aprovechando que habían sido intervenidos o detenidos por otros motivos y se les expulsaba. Con ese sistema, bastante menos dramático, se deportó, bajo Barack Obama, a más de cuatro millones de ilegales, lo que le valió al expresidente demócrata el apelativo de “deportador en jefe”. Ahora, el ICE ha desplegado una cacería sin contemplaciones y muy publicitada de irregulares, irrumpiendo en colegios, viviendas o centros de trabajo y sacando a la fuerza a las personas, incluyendo a ancianos, mujeres y niños. Está claro que el objetivo es infundir terror entre los inmigrantes ilegales.
Más aún, los funcionarios del ICE operan sin orden de arresto o de allanamiento y con el rostro cubierto. También la emprenden contra quienes protestan contra ellos, y hasta los matan como fue el caso de Renée Good y Alex Pretti. Lo peor es que el gobierno pretende garantizarles impunidad.
Una fuerza uniformada con tales poderes, y que actúa casi sin frenos, remite, para los críticos, no solo a la Gestapo, sino también a las SS de Himmler. Las similitudes pasan también por el hecho de que las acciones del ICE están dirigidas fundamentalmente contra personas no blancas, lo que empalma con frecuentes discursos con connotaciones racistas en los circuitos gubernamentales y de la esfera Make America Great Again (MAGA). Incluso se ha denunciado la utilización de una fraseología inspirada en lemas hitlerianos.
A lo anterior, se añade la expansión de los poderes del presidente a costa de las demás instituciones y la persecución judicial contra los considerados enemigos del gobierno, entre otros aspectos.
Que se acuse al gobierno estadounidense de nazismo o fascismo no forma parte usualmente del debate político estadounidense pero, claro, lo que ocurre actualmente en ese país, tampoco es usual.
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