En los últimos meses, Trump ha puesto sobre la agenda mundial los famosos aranceles: tarifas que impone un país a las importaciones de determinados productos. El objetivo –supuestamente– es lograr fortalecer a la industria nacional (protegerla), pero este es un objetivo no solo difícil de conseguir, sino que va en contra de los intereses de los consumidores, al incrementar los precios de los productos.
Algo similar ocurre con las medidas antidumping que aplica en nuestro país el Indecopi, que se usan para proteger a la industria nacional cuando un productor extranjero vende acá a precios inferiores a los de su mercado de origen. Sobre el impacto negativo de los ‘aranceles’ de Indecopi en el consumidor siempre tenemos certezas, en cambio sobre el impacto en la industria nacional suele haber muchas dudas por la dificultad para determinarlo.
De hecho, no basta con identificar que los productos se están exportando a nuestro país a un precio menor que aquel utilizado para la venta en su propio país, sino que hay que acreditar que la industria nacional se está viendo afectada y que hay un nexo causal entre esas importaciones y el daño ocasionado.
Es difícil probar la afectación a la industria nacional, dado que una empresa nacional puede haber tenido peores resultados por muchas otras razones, como el encarecimiento de un insumo utilizado para otros productos, y aún más difícil es probar que hay un nexo causal entre las exportaciones y el ‘daño’. El menor precio en el país de origen puede deberse a que la industria de ese país usa tecnología más eficiente o a que han decidido vender en su país a un precio agresivamente bajo para penetrar su mercado o incluso porque les sobra stock. La dificultad de probar todo esto es muy alta, y aconseja ser muy prudentes.
Hace pocos días, Indecopi impuso derechos antidumping provisionales por cuatro meses (US$64,6 por tonelada) a las importaciones de alambrón de acero de China (una medida que –por increíble que parezca– no puede apelarse, mientras se concluye la investigación). Se trata de un producto utilizado como insumo para hacer mallas de alambres, alambres agrícolas, clavos, alambres de púas, alambres de colchones, etc. Un caso en el que Indecopi no parece haber tenido la prudencia que estos casos requieren.
En su análisis, por increíble que parezca, Indecopi no ha usado los precios de los productos que llegan al Perú, sino las exportaciones de China a Ecuador. Una medida que, aunque es legal, va contra el sentido común. Más aún, cuando Ecuador no es un país comparable.
Este país tiene una política industrial de sustitución de importaciones (mismo Alan García 1), y hay una serie de intervenciones gubernamentales al sector siderúrgico, como beneficios e incentivos tributarios, que reducen el Impuesto a la Renta y otros tributos por más de diez años, además de la aplicación de aranceles. ¿De verdad este es el país elegido para determinar si se aplican los aranceles de Indecopi en el Perú?
Por tanto, de un lado tenemos la certeza de que los derechos antidumping incrementarán los precios a lo largo de la cadena (algo que se venía reduciendo por las importaciones), pero subsisten muchas dudas sobre si ha habido daño generado por las importaciones del alambrón a la industria nacional.
Sobre el daño, los resultados negativos de la industria local tienen una explicación alternativa. El precio de la chatarra, insumo que usa la industria nacional en su proceso productivo, ha disminuido considerablemente. Y aun cuando hubiere daño, la tecnología usada por la industria nacional es más cara que la utilizada en China (horno eléctrico vs. horno de oxígeno).
Indecopi debería ser mucho más cauteloso al aplicar sus ‘aranceles’. De lo contrario, el consumidor va a pagar los platos rotos sin una verdadera justificación.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.