Las manos vacías del Estado

“Un gobierno decide a quién gravar y en qué gastar. Pero no es un control absoluto”.

    Richard Webb
    Por

    Economista

    Ilustración: Víctor Aguilar.
    Ilustración: Víctor Aguilar.

    Se nos acusa de ser un país muy desigual y con un nivel de pobreza injustificadamente alto. Además, se dice que la desigualdad viene acompañada de una discriminación racista. No sorprende, entonces, que tales acusaciones se hayan vuelto el sustento principal para propuestas políticas que podrían ser calificadas como reformistas, o incluso revolucionarias. Pero la premisa es que bastaría tomar control del timón del Estado para desaparecer la desigualdad y el racismo. Lo que se ignora en ese argumento es que, para dar un giro al timón, hace falta tener manos.

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