Aunque resulta un ejercicio en futilidad hacer predicciones electorales en el Perú, sí hay ciertas constantes que nos permiten vislumbrar nuestro destino político.
En las últimas tres elecciones en las que Keiko Fujimori ha sido candidata y ha logrado pasar a la segunda vuelta, los electores han optado por el mal menor, o sea, no votar por ella.
Primero apoyaron a Ollanta Humala; siguió Pedro Pablo Kuczynski; y, finalmente, Pedro Castillo, el candidato menos calificado en los últimos 50 años.
Pero como dijo en su momento la exjefa del Gabinete y hoy ciudadana sin salvoconducto Betssy Chávez, al comentar la victoria de Pedro Castillo en el 2021: “Creer que los peruanos han votado por Perú Libre, por su ideario, es una equivocación... Acá, un panetón Tottus o una piedra le hubieran ganado a Keiko Fujimori” (“Hildebrandt en sus Trece”, 8/2021). Es decir, con la candidatura keikista, la suerte está echada.
Es así porque, por desgracia, la historia se repite. Pasará seguramente a segunda vuelta la tetracandidata y cualquier suertudo que supere más o menos el 3% del voto la acompañará, no importa cuán idóneo sea.
Justo cuando nos encontramos entre la espada y la pared, en momentos en que el país se desmorona y se necesita de capacidades y voluntades excepcionales para manejar la nación y cumplir con su población, muchos culpan al antifujimorismo por ubicarnos en las orillas del río Rubicón, porque son incapaces de reconocer mérito alguno al keikismo y, en su lugar, prefieren optar por cualquier mamarracho, porque solo ven lo negativo del partido naranja. Pero es, más bien, un problema con Keiko, que no ha sabido gestionar el poder político que ha tenido, especialmente cuando controlaba el Congreso con un margen increíble.
Por el contrario, su paso y el paso de su partido Fuerza Popular por el poder siempre han estado rodeados de ineficiencia y parcialidad.
Sin jamás formular un mea culpa, resulta difícil esperar cambios que la transformen en el mal menor. Esperemos que el panetón, en esta ocasión, sea de calidad. Lo dudo, con 40 candidatos, ningún partido sólido y el financiamiento de bandas criminales, hay muy poco lugar para el optimismo.
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