Estados Unidos está en un año electoral. En noviembre serán las cruciales elecciones legislativas de medio término y, como sabemos, la política local es el corazón de cómo se maneja Washington hacia el exterior. Las acciones que emprenden los presidentes siempre tienen como objetivo retener el poder para su partido tanto en la Casa Blanca, en el Congreso, los parlamentos y gobernaturas estatales.
Por eso, las elecciones primarias que se han venido realizando las últimas semanas pueden parecernos lejanas y poco trascendentes, pero para la política estadounidense son fundamentales.
Y lo que viene dejando estos comicios es revelador: la irrupción cada vez más consistente de candidatos de izquierda dentro del Partido Demócrata y las victorias importantes que han tenido en varios estados y ciudades, como Nueva York, Filadelfia, Detroit y Denver. La más llamativa ha sido la de Abdul El-Sayed, un progresista musulmán e hijo de inmigrantes egipcios que ganó en las primarias demócratas de Michigan y que peleará con su rival republicano por una banca del Senado en noviembre. Y esto es importante porque Michigan es un ‘swing-state’, un estado clave que puede inclinar la balanza en las elecciones presidenciales.
El-Sayed derrotó por una mínima diferencia al candidato del establishment demócrata, que aún controla el partido pero que cada vez siente más la amenaza del avance del ala izquierdista, abanderada por el senador Bernie Sanders, la congresista Alexandra Ocasio-Cortez y recientemente por Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York.
El auge de esta facción socialista dentro de los demócratas ya ha puesto en alerta al sector más centrista y tradicional que considera que no recuperarán la Casa Blanca o el control del Congreso yéndose al extremo. Sin embargo, es justamente la tibieza de la oposición a Donald Trump y los republicanos la que está alentando que muchos votantes, sobre todo jóvenes, estén virando hacia la izquierda.
Como suele ocurrir en escenarios polarizados, un extremo alimenta al otro mientras el centro tiende a reducirse. Una encuesta de julio de CNN mostró que uno de cada tres demócratas se identifica como socialista, una etiqueta que hace una década era casi un tabú en la política estadounidense.
Un reportaje reciente de “The New York Times” apunta que, en el 2015, los Demócratas Socialistas de Estados Unidos, la mayor organización socialista del país que está bajo el ala del Partido Demócrata, contaba con menos de 7.000 miembros, la mayoría inactivos. A principios de julio, el grupo ya había alcanzado los 120.000 integrantes. Y aunque es un número que representa apenas el 0,3% de los demócratas registrados, sus recientes victorias legislativas están haciendo resonar su impacto y están mostrando las cada vez más evidentes fisuras dentro del partido.
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