“Dios es peruano”, se dice, lo que nos protegería de sufrir las consecuencias de un sismo quizás de grado 8, aunque en verdad el dicho resulta solo un modo de evadir la responsabilidad de cuidarnos. El sismo está anunciado, aunque no se sepa cuándo ocurrirá. Aprovechar el tiempo previo que nos da la naturaleza es oportunidad para romper con una antigua tradición: la falta de voluntad para prevenir. Si lo hiciéramos, creceríamos como país.
Los resultados del simulacro del viernes 14 organizado en 18 regiones del país, medidos por el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), son preocupantes: más de 10.000 “fallecidos”, más de dos millones de “damnificados” y medio millón de viviendas “destruidas”.
Es necesario romper la pasividad frente a la idea de que no hay nada que hacer, de que la suerte está echada. Los terremotos en Venezuela y Colombia son una clara voz para actuar. El Estado tiene que liderar una acción colectiva, comenzando por definir qué organismos públicos –el Ministerio de Vivienda, el Indeci, etc.– encabezarán la cruzada.
Parece imprescindible, además, crear un organismo de coordinación que incluya representantes de los municipios y de los gobiernos regionales, así como también académicos especialistas –ingenieros, arquitectos, urbanistas–, independientes, de universidades u organizaciones de la sociedad civil.
En lo inmediato, urge corregir y paliar lo que existe en ciudades construidas, en un altísimo porcentaje, sin respetar estándares antisísmicos. Con el indispensable apoyo de los municipios, la acción debe involucrar a los propios habitantes en los trabajos de minimizar los riesgos en sus respectivas viviendas; en la previsión de comportamientos frente al sismo; y, de cara al futuro, en la mejora sustantiva de las prácticas de autoconstrucción.
Las prioridades pueden basarse en diagnósticos que ya existen. En el caso de Lima, por ejemplo, se sabe que las construcciones en laderas son las más vulnerables y que involucran a más de dos millones de personas. Minimizar riesgos resulta fundamental. El especialista en ingeniería sísmica Marcial Blondet afirma, por ejemplo, que “urge compartir el conocimiento sobre construcciones antisísmicas con los maestros de obra y los albañiles” (Punto Edu, 13-8-26), por su protagonismo en la construcción de viviendas.
La importancia de los municipios es central, porque regulan y otorgan licencias, y habilitaciones de construcción, remodelación y demolición. Es urgente que el Gobierno Central tome la iniciativa y que los gobiernos subnacionales asuman la iniciativa en sus respectivas jurisdicciones. ¡Pero ya!
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