Hace 25 años, nuestra capital fue escenario de uno de los acuerdos políticos más importantes alcanzados por las democracias de nuestro hemisferio. El 11 de setiembre del 2001, los estados miembros de la Organización de los Estados Americanos, reunidos en una sesión especial de su Asamblea General, aprobaron la Carta Democrática Interamericana y consagraron un principio esencial: los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla.
La aprobación de la Carta Democrática en Lima se explica por el papel desempeñado por el Perú en su gestación y como reconocimiento a su tradición histórica y a su vocación diplomática para construir consensos. La cancillería peruana lideró la iniciativa, recibiendo el aporte de los demás Estados miembros de la OEA y de diversos sectores de la sociedad civil. El resultado fue mucho más que una propuesta peruana: se convirtió en un compromiso común de las Américas.
Ese recorrido conserva una lección plenamente vigente. El aporte del Perú consistió no solamente en promover la iniciativa, sino en contribuir al desarrollo de una capacidad de respuesta colectiva en defensa de la democracia. De ese modo funciona el multilateralismo cuando es eficaz: permite identificar desafíos compartidos y construir, mediante el diálogo y el consenso, principios y mecanismos para encontrar respuestas a dichos desafíos comunes.
Veinticinco años después, los desafíos han cambiado de forma y escala. La institucionalidad democrática puede verse sometida a tensiones progresivas; la polarización reduce los espacios para el diálogo; la desinformación deteriora la confianza ciudadana; y la delincuencia organizada transnacional busca penetrar las instituciones, corromperlas y debilitar la autoridad del Estado. Frente a amenazas que desconocen fronteras, la cooperación entre nuestras democracias resulta hoy más necesaria que nunca.
Por ello, la proyección de los estados miembros de la OEA que suscribieron la Carta hacia los próximos 25 años debe basarse en reforzar su dimensión preventiva. No debemos esperar a que una crisis alcance un punto de ruptura para actuar. El gobierno de la presidenta Fujimori está comprometido con fortalecer la cooperación hemisférica, promover instituciones sólidas y contribuir a una respuesta conjunta frente a aquellos fenómenos que amenazan la seguridad, la estabilidad y el bienestar de nuestros ciudadanos.
La prevención tiene, además, una dimensión más amplia. Las instituciones también demuestran su fortaleza cuando son capaces de anticipar riesgos y proteger oportunamente a la población. Esto ocurre frente a fenómenos naturales como El Niño, y en la lucha contra organizaciones criminales y terroristas que desafían la seguridad en el hemisferio. Democracia, desarrollo sostenible y bienestar ciudadano son dimensiones que se refuerzan mutuamente.
Esta perspectiva nos recuerda algo fundamental: la democracia no existe para las instituciones, sino para las personas. Elecciones libres, separación de poderes, libertad de expresión y Estado de derecho son pilares irrenunciables, pero adquieren su sentido más profundo cuando las instituciones están al servicio de la ciudadanía. Ejercer una responsabilidad pública exige escuchar, dialogar y actuar con humildad, conscientes de que cada cargo constituye, antes que un privilegio, una oportunidad para servir, especialmente a aquellos que más lo necesitan.
Esa es también la orientación que venimos imprimiendo a nuestra política exterior: una diplomacia que defienda nuestros principios e intereses, pero que al mismo tiempo contribuya concretamente a la seguridad, el desarrollo y el bienestar de los peruanos.
Conmemorar los 25 años de la Carta Democrática Interamericana no es un ejercicio de nostalgia institucional. Es una oportunidad para renovar la voluntad política que permitió su aprobación y proyectarla hacia nuevos retos. Hace un cuarto de siglo, el Perú supo liderar una iniciativa al servicio de las Américas. Hoy, desde la cancillería, deseamos contribuir nuevamente a su fortalecimiento, con la misma vocación de diálogo, responsabilidad y servicio.
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