No es la primera vez. Nuevamente los peruanos absortos e indignados hemos asistido a una vergonzosa repartija que le ha causado un daño tremendo a nuestra ya alicaída democracia, porque el poder está concentrado en unas representaciones congresales que se acomodan de acuerdo a sus mezquinos intereses.
La elección por el Congreso de Balcázar es el resultado de esta repartija, porque quienes intervinieron en ella, para tener sus respectivas cuotas de poder, decidieron no votar por María del Carmen Alva porque más allá de sus ‘bloopers’ políticos, tiene una virtud: es honesta y no estaba dispuesta a garantizarles distribuir cargos y funciones para beneficiarse como lo estuvieron haciendo durante el gobierno del golpista Castillo, Dina Boluarte y Jerí.
También llamó la atención que Hernando de Soto haya aceptado ser el presidente del Consejo de Ministros. Hernando de Soto no es un técnico; es un intelectual y un político. En consecuencia, tenía que tomar decisiones para constituir un nuevo Gabinete. No se iba a dejar imponer condiciones de los responsables de la vergonzosa repartija. Él ha sostenido que entregó una lista con siete nuevos ministros, la que finalmente no fue aceptada: “Lo que hemos visto es que hay varios cerronistas metidos adentro y gente de APP”, dijo. Sin embargo, esto se sabía desde antes que el autor de “El otro sendero” aceptara tan fugaz encargo, quizás uno de los más rápidos de la historia política del Perú.
Este gobierno, que prefiere contar con funcionarios de carrera a su disposición y no con políticos autónomos y con personalidad, tiene solo una función: convocar a elecciones y darle todas las facilidades del caso al JNE y a la ONPE para que el proceso electoral sea limpio y transparente. Todo esto, sin descuidar la seguridad y la economía, no de algunos grupos de poder e influencia, sino de todos los peruanos.
Lo más grave es que en el Estado Peruano hace rato existe una estructura que corroe las bases de la democracia y la deforma. En diversos niveles de nuestra sociedad se ha instalado una cultura de la corrupción y no solo por plata mal habida, sino por cuotas de poder, como hace toda mafia.
Donde hay corrupción estructurada, los valores morales van muriendo poco a poco y, para salir de ella, si no reaccionamos pronto –me temo será así–, se producirá una profunda descomposición en la vida política, económica y social peruana.
El filósofo peruano Francisco Miró Quesada Cantuarias, mi padre, me decía: “En cualquier momento, en cualquier lugar, puede pasar cualquier cosa”. ‘Mutatis mutandi’, podemos decir que en este Congreso, por el afán de poder y de dinero, en cualquier momento y en cualquier lugar, puede pasar cualquier cosa. El pueblo peruano debe estar alerta, y más aún cuando vayamos a votar.
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