Editorial: Sin mí, el diluvio

Las explicaciones de Martín Vizcarra sobre su postulación al Congreso son autocomplacientes y engañosas.

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    (FOTO: ALESSANDRO CURRARINO/EL COMERCIO)
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    / Alessandro Currarino

    La tradición le atribuye a Luis XV, penúltimo rey de Francia, la sentencia: “Después de mí, el diluvio”. Una frase que no solamente debe asociarse a la situación que existía en ese país poco antes de la revolución, sino también a la distorsionada imagen que el monarca tenía de sí mismo. No fue él, en efecto, un gobernante que haya pasado a la historia por sus aciertos y sin embargo las palabras que presuntamente pronunció parecen provenir de alguien que se juzgaba providencial e imprescindible para la sociedad sobre la que regía. Un mal que suele manifestarse en políticos de todas las épocas y al que, daría la impresión, el expresidente Martín Vizcarra no es inmune.

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