Nunca gobierno alguno, en España, llegó a extremos tan mezquinos como el actual de Primo de Rivera, el dictador de un pueblo que le mira con absoluta indiferencia, porque ni siquiera dictador sabe ser. Este ha desterrado a Miguel de Unamuno, el sabio maestro de la Universidad de Salamanca, y le ha privado de la cátedra de griego que desempeñaba con singular brillo. ¿Por qué tanta saña con el docto maestro? ¿Acaso ha traicionado a la patria? Precisamente por salvarla de la vorágine de Primo fue que habló claro y señaló los peligros que la amenazaban. Habló al rey, y el rey se impresionó, porque la verdad y la sinceridad impresionan siempre.