Data/ OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
Los 37 rivales
“El cielo, para los peruanos, es poner el Estado a disposición de los ciudadanos, haciendo una revolución en los servicios públicos”.
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Resumen
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Cuando se conozca la identidad de los 37 candidatos presidenciales, a comienzos de diciembre, se abrirá la etapa de propuestas y perfilamientos. Aparecerán las principales rivalidades. Este punto tendrá especial importancia en la derecha, donde existen dos postulaciones con mayor envión de partida: la de Renovación Popular, con Rafael López Aliaga, y Fuerza Popular, con Keiko Fujimori. Son enemigos naturales, con la pretensión de pasar a la segunda vuelta enfrentando a cualquier adversario de otra cantera. Incluso, si el electorado se derechiza, podría darse un escenario parecido al boliviano: que dos candidatos de este sector disputen la presidencia. Ellos podrían ser.
Cuando se conozca la identidad de los 37 candidatos presidenciales, a comienzos de diciembre, se abrirá la etapa de propuestas y perfilamientos. Aparecerán las principales rivalidades. Este punto tendrá especial importancia en la derecha, donde existen dos postulaciones con mayor envión de partida: la de Renovación Popular, con Rafael López Aliaga, y Fuerza Popular, con Keiko Fujimori. Son enemigos naturales, con la pretensión de pasar a la segunda vuelta enfrentando a cualquier adversario de otra cantera. Incluso, si el electorado se derechiza, podría darse un escenario parecido al boliviano: que dos candidatos de este sector disputen la presidencia. Ellos podrían ser.
Así, Keiko tendría que comerse a Porky. Aunque un flanco débil del alcalde de Lima serán aspectos deficitarios de su gestión –a lo que puede agregarse un estilo confrontacional que, al fin y al cabo, resulta contraproducente si no está bien enfocado– Fujimori no podría basar su crecimiento en un antiporkismo. Su principal reto es superar el anti que despierta su propia candidatura, una tendencia que domina desde hace dos décadas la escena política peruana. Tendría que prometer el cielo y ser convincente en su oferta. El cielo, para los peruanos, es poner el Estado a disposición de los ciudadanos, haciendo una revolución en los servicios públicos. En seguridad, salud y educación, fundamentalmente. Esto vale para todos los candidatos en las elecciones del 2026.
Keiko tendrá problemas para ser convincente porque su propia ejecutoria –ya no hablemos de pasivos del gobierno de su padre– está asociada a la conflictividad que hizo caer al gobierno de Kuczynski. Al sostén brindado al impopular gobierno de Dina Boluarte, donde había ministros puestos por su partido. Y al tipo de intereses del Perú informal que estarán colgados de su candidatura. Amén de que, pese a que salió limpia de polvo y paja en los juicios politizados por el Ministerio Público, para muchos votantes sigue rodeada de un aura de corrupción. Sin embargo, tiene fortalezas que podrían hacerle pasar a la segunda vuelta: los activos del fujimorismo de los años 90, experiencia, una organización nacional, recursos, capacidad para poder organizar un equipo de gobierno que prometa revolucionar el servicio público y atraer inversiones que impulsen un crecimiento económico.
Aun así, será difícil que una mayoría le crea. Junto con el resto de fuerzas parlamentarias gestionó un Congreso sirviente de intereses creados. Para hacer un Estado al servicio de los ciudadanos habría que hacer, precisamente, lo contrario: cortar farras presupuestales, destruir mafias y procurar un pacto de acero con quienes deseen construir una meritocracia.
En cuanto a Porky, para ser presidente no le sirve su discurso anticaviar, con el que se ha paseado por todos los medios durante los últimos dos años. No tiene un gran enemigo de ese sector en la próxima campaña, así que está obligado a enfilar sus baterías contra Keiko. Ya comenzó, acusándola de beneficiarse con dinero mal habido. Por otra parte, López Aliaga tiene facilidad para prometer lo que sea, por más atrevido que parezca. Dijo que Lima sería una ciudad del primer mundo, y una lista de sus ofertas olvidadas o a medio cumplir puede servir de munición para atacarlo. Pero posee elocuencia para ofrecer el cielo. A su favor también tiene las obras que realizó en Lima, que le mantendrán favorito en la capital. El balance de esta gestión será crucial en el 2026. Cuando sea el momento de votar habrá un relato definitivo de su controversia con Rutas de Lima. Un mal final será usado por sus contendores, y sobre todo por Keiko.
A diferencia de Fujimori y López Aliaga, que necesitan atacarse mutuamente, en la derecha hay otros dos candidatos que deben desalentar el voto hacia ellos para crecer: Carlos Álvarez y Phillip Butters. Ambos, aunque populares, aún no despegan en las encuestas. ¿Por qué un votante atraído por la derecha preferiría una opción distinta a la de Keiko y Porky? Por los defectos ya señalados, pero antes deberían empatizar con un tercero. Tanto Álvarez como Butters suscitan interrogantes distintas. El reto de Álvarez, quizá el mejor cómico del país, es el de ser tomado en serio. El de Butters, lograr una propuesta de gobierno convincente y una apertura que vaya más allá de un público conservador. Si ninguno de los cuatro derechistas mencionados levanta vuelo, podría aparecer un quinto: el periodista Carlos Espá. Es un rostro nuevo, rasgo que demostró ser atractivo en las elecciones peruanas, y que ha llevado a probar suerte a muchos debutantes que aparecerán en las boletas. Está claro que este sector se verá favorecido si la popularidad de José Jerí se mantiene alta.
En el centro hay un pelotón de corredores que, de momento, impresionan poco. Vuelven a intentarlo César Acuña, de Alianza por el Progreso, y George Forsyth, de Somos Perú, que en la elección pasada bordearon el 6%. Figuran exministros, políticos reciclados e ilustres desconocidos a la espera de encumbrarse por efecto de los antis y de una súbita, imprevista conexión con la gente. Las elecciones se ganan por afectividades, no con propuestas. Presentarán candidaturas tres partidos antiguos: Acción Popular (AP), el APRA y el PPC, con Unidad Nacional. Las elecciones determinarán si alguna de estas organizaciones se reanimará. Si Alfredo Barnechea gana las elecciones internas de AP la primera semana de diciembre, será un fuerte adversario para Fujimori y López Aliaga, con un planteamiento acuerdista para los principales problemas. Podrían advertirse entonces marcadas líneas divisorias entre la derecha, el centro y la izquierda.
Hay cuatro vertientes en la izquierda que competirán en el 2026. Una es la de Perú Libre, bajo el liderazgo de Vladimir Cerrón. Otra la de Juntos por el Perú, que lleva como candidato presidencial a Roberto Sánchez y al expresidente Pedro Castillo en la lista para el Senado. La tercera es la alianza Venceremos, que postulará a Ronald Atencio y que une al sector influido por el sentenciado por terrorismo Guillermo Bermejo con el partido Nuevo Perú, de Verónika Mendoza. Todas cargan la mochila del desastroso régimen de Castillo. Perú Libre lo lanzó en el 2021, Juntos por el Perú lo lleva entre sus candidatos al Congreso y Venceremos alberga a quienes gobernaron con él y toleraron su corrupción. Precisamente, desean captar al electorado que lo eligió. Es la peor versión de la izquierda desde los años 80, con hermanos y primos de las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
El cuarto candidato, Alfonso López Chau, no logró encabezar la amplia alianza de centroizquierda que se proponía, aunque apunta hacia ese sector con un partido –Perú Ahora– cuyo ideario omite la palabra socialismo. López Chau no es un candidato fuerte, pero representa una voluntad de entendimiento de la izquierda con impulsores del capitalismo bajo determinados cauces. Guardando las distancias, es oportuno un paralelismo: esta idea es la que llevó a las izquierdas a ser alternativas de gobierno en Uruguay, donde lo asumieron este año, y en Chile, donde Jeannette Jara, militante del Partido Comunista (PC), lo perderá el mes próximo. No es un dato menor que López Chau lleve como vicepresidente a Luis Villanueva, presidente de la CGTP y también militante del PC. Villanueva fue artífice del proceso de acuerdos que desarrollaron el empresariado industrial y los sindicatos durante más de 20 años. Las elecciones dirán cuál de estas izquierdas concitará mayor preferencia en el electorado.
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.









