Sin estrategia gubernamental congruente y creíble, hay pocas posibilidades de que el presidente Vizcarra y el primer ministro Salvador del Solar hagan sostenible el gobierno. (Foto: PCM)
Sin estrategia gubernamental congruente y creíble, hay pocas posibilidades de que el presidente Vizcarra y el primer ministro Salvador del Solar hagan sostenible el gobierno. (Foto: PCM)
José Carlos Requena

Analista político

Un libro de Moisés Naím tiene un sugestivo título: “El fin del poder” (Debate, 2013). El trabajo aborda las transformaciones del poder elegido en tiempos recientes, y la incursión y el fortalecimiento de nuevos actores con rol político, de profunda influencia en el devenir de los asuntos públicos. Si los sucesos de la última semana sirven de guía, la situación que describe Naím parece estarse dando en el Perú.

Se tiene a un mandatario cuyo rol aparece apocado. El presidente se muestra crecientemente debilitado, incapaz de retomar la iniciativa política que lució en la segunda mitad del 2018. Entrampado como su gobierno con el conflicto minero de , se le recuerda con razón el rol que jugó en noviembre del 2016, cuando como ministro de Transportes lideró la delegación del Ejecutivo en la zona.

El coordinador de los voceros políticos del Ejecutivo, , también se encuentra apremiado. Transita entre el empate con sabor a derrota obtenido el jueves 4 durante el voto de investidura y una tediosa negociación en torno a Las Bambas.

En el ámbito local, las autoridades son elegidas por una proporción muy baja de votantes. Una nota de Martin Hidalgo en este Diario (8/4/2019) muestra que quien ganó el municipio distrital de Tambobamba (Cotabambas, Apurímac) –uno de los cuatro distritos en que se asienta la unidad minera de Las Bambas– lo hizo con solo 10% de votos del padrón electoral de esa localidad, una realidad que podría restar legitimidad a la autoridad local.

La situación no varía mucho en el Parlamento. La fragmentación hace cada vez más difícil alcanzar votaciones calificadas, que serían necesarias si el Ejecutivo se lanza a hacer cambios que requieran reformas constitucionales. El descrédito al que lo exponen algunos de sus miembros hace olvidar su valor: representar a la población.

El principal partido de oposición, Fuerza Popular, también pasa apuros. No solo ha perdido un considerable número de escaños (18), sino que también sus miembros y aliados parecen más interesados en la defensa, propia o ajena, de conductas que debieran ser proscritas.

“El poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder”, dijo Naím al hablar de su libro, según una reseña difundida en ese entonces (“El País”, 13/11/2013). El Perú contemporáneo –con un presidente sorpresivo y un Parlamento distante, y gobiernos subnacionales que deben lidiar con organizaciones que tienen fuerza al margen de los comicios oficiales– calza perfectamente en tal descripción.

La realidad no es nueva, pero se prolonga peligrosamente. La única esperanza es la asombrosa resiliencia que ha mostrado antes el país. Algo que sorprendía al recientemente fallecido Julio Cotler, que le decía a Fernando Vivas: “La fascinación que tengo es que puedo hablar que el Estado es así o asá, pero funciona. Cuando yo hago el recuento, educación pésima, salud mira cómo está, al final uno se pregunta, ¿cómo subsistimos?” (El Comercio, 14/11/2015).