Por Redacción EC

En medio de una conversación cualquiera, hay quienes llenan el espacio con una voz potente, movimientos constantes y gestos que acompañan cada palabra. Cuando algo los entusiasma, su manera de contar una historia puede volverse todavía más intensa, como si cada emoción necesitara hacerse visible. Para quien observa desde fuera, esa energía puede resultar desconcertante o incluso intimidante. Un tono elevado puede confundirse fácilmente con una discusión, aunque no exista molestia alguna detrás de esas palabras. Así, una forma expresiva de comunicarse termina siendo interpretada como una señal de conflicto.