La cuarta entrega de “Love, Death + Robots” se presenta como un festín para los amantes de la ciencia ficción, demostrando que la antología animada de Netflix continúa evolucionando y sorprendiendo. Desde sus inicios, esta propuesta se ha destacado por sus relatos independientes y arriesgados, cada uno con su propia identidad visual y temática. En esta temporada, la serie reafirma su naturaleza de laboratorio creativo donde la imaginación no tiene freno: se entrelazan reflexiones sobre la tecnología, la mortalidad y la eternidad con historias que van de lo épico a lo absurdo, todo en un formato que invita a la experimentación sin ataduras.
La cuarta entrega de “Love, Death + Robots” se presenta como un festín para los amantes de la ciencia ficción, demostrando que la antología animada de Netflix continúa evolucionando y sorprendiendo. Desde sus inicios, esta propuesta se ha destacado por sus relatos independientes y arriesgados, cada uno con su propia identidad visual y temática. En esta temporada, la serie reafirma su naturaleza de laboratorio creativo donde la imaginación no tiene freno: se entrelazan reflexiones sobre la tecnología, la mortalidad y la eternidad con historias que van de lo épico a lo absurdo, todo en un formato que invita a la experimentación sin ataduras.
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A lo largo de diez capítulos, somos testigos de explosiones narrativas que exploran desde universos mecánicos y confrontaciones brutales, hasta comedias ligeras y guiños musicales. La apuesta de esta temporada radica en su capacidad para alternar sin esfuerzo entre tramas densas y momentos lúdicos, creando un flujo que mantiene al espectador en constante expectación. Aquí no hay imposiciones de estilo: cada estudio, cada director y cada equipo de animación imprime su sello, generando un mosaico de técnicas que va del 3D ultrarrealista a la animación estilizada con reminiscencias retro.
Aunque la fortaleza de “Love, Death + Robots” reside en su originalidad episódica, la cuarta temporada propone también incursiones en universos ya conocidos, aportando secuelas que no se limitan a repetir fórmulas exitosas. Es el caso de “Spider Rose”, una continuación de “Swarm” (Volumen 3), dirigida por Jennifer Yuh Nelson. Aquí, volvemos a un mundo de clanes mecanizados y venganzas personales, pero desde una óptica renovada: la protagonista, una guerrera marcada por la pérdida de su esposo, debe reconfigurar su existencia al asumir un rol maternal imprevisto. Lejos de ser un simple revival, este episodio profundiza en la psicología del personaje, ofreciendo secuencias de combates aéreos frenéticos y momentos de gore extremo que subrayan el choque entre su instinto de lucha y su necesidad de ternura.
(Foto: Netflix)
Este retorno a un universo previo no sólo satisface a los fans ávidos de continuidad, sino que demuestra cómo una antología puede permitirse la audacia de revisitar viejos relatos sin caer en la repetición. Se plantea un diálogo entre lo que ya admiramos y nuevas preguntas sobre la naturaleza del duelo, la identidad y el sacrificio. En última instancia, “Spider Rose” funciona como puente narrativo que amplía el alcance emocional de la serie, reforzando la idea de que cada episodio es un territorio fértil para explorar complejidades humanas, incluso en escenarios futuristas.
Diversidad de estilos y tonos
La verdadera fuerza de esta temporada radica en su heterogeneidad. Mientras algunos episodios inciden en la ciencia ficción dura y planteamientos filosóficos, otros se abrazan al humor más desenfadado. Títulos como “Can’t Stop”, “The Other Large Thing” y “Smart Appliances, Stupid Owners” actúan como válvulas de escape cómicas, ofreciendo un respiro a las historias más sombrías. Estas piezas juguetonas son esenciales para equilibrar el peso dramático del resto del volumen, demostrando que “Love, Death + Robots” no teme pasearse por el territorio de la comedia absurda.
Destaca especialmente “Can’t Stop”, la alocada propuesta dirigida por David Fincher y protagonizada por los Red Hot Chili Peppers en marionetas caricaturescas. Con apenas cinco minutos, este videoclip narrativo es un experimento visual que rompe esquemas: la estética de títeres y la energía desquiciada de la banda se funden en un espectáculo que parece sacado de MTV pero elevado al cubo gracias al sello Fincher. Aunque algunos podrán preguntarse el sentido de un episodio tan extravagante, su existencia resalta la valentía de la serie para albergar apuestas tan discordantes como memorables.
(Foto: Netflix)
Por otro lado, hay episodios como “The Screaming of the Tyrannosaur” que se adentran en la violencia sangrienta y el espectáculo macabro, incorporando hasta un cameo de MrBeast como presentador de combates de gladiadores montados en Triceratops. Este choque de pop culture y brutalidad refuerza la sensación de que no hay límite para las temáticas abordadas: desde parodias de reality shows futuristas, pasando por homenajes al terror cósmico, hasta relatos de espadachines cibernéticos.
Uno de los sellos inconfundibles de “Love, Death + Robots” es su factura técnica, y esta temporada no es la excepción. Cada estudio colabora con libertad creativa, produciendo secuencias que van desde el fotorrealismo extremo hasta el trazo más expresionista. “Spider Rose”, a cargo de Blur Studio, desborda texturas detalladas y coreografías aéreas que cortan la respiración. Contrapuesto a esto, “400 Boys” de Passion Animation Studios adopta un estilo que remite al Art Deco, con líneas angulosas y colores saturados que evocan cómics ochenteros. La estética aquí recuerda a producciones como "The Big O", pero con un giro distópico donde pandillas compiten en un mundo apocalíptico al son de banda sonora de electrónica pulsante.
(Foto: Netflix)
El episodio “For He Can Creep”, realizado por Polygon Pictures, presenta un estilo que asemeja grabados en movimiento: las texturas, sombras y contornos lucen como ilustraciones antiguas cobrando vida. Cada fotograma parece una obra de arte animada, aumentando la sensación de que la antología también es un escaparate para la animación experimental global. Esta mezcla de realismo gráfico y estilos radicales confirma que la serie no busca uniformidad, sino celebración de la técnica y la innovación.
En conclusión
Con “Love, Death + Robots” Volumen 4, Netflix refuerza su apuesta por permitir a los creadores explorar sin corsés presupuestarios ni narrativos. La antología se convierte en una incubadora donde proliferan ideas que quizá no encontrarían espacio en formatos más convencionales. Aunque algunos episodios no logran el mismo impacto que los más destacados, el balance general es sobresaliente: hay suficiente variedad de tonos, técnicas y temáticas para mantener el interés y subrayar la promesa de la serie.
Si un inconveniente se desprende de la temporada, es la reducción paulatina de la representación de estudios internacionales, limitando la diversidad creativa que caracterizó a Volumen 1. Pero esta crítica no opaca el hecho de que el show continúa explorando los límites de lo posible, dando cabida a dinosaurios, marionetas rockeras, madres guerreras y sacerdotes demoníacos en un mismo paquete.
Volumen 4 es, en definitiva, una prueba de que una antología animada puede reinventarse constantemente, abrazar lo radical y mantener viva la chispa de la curiosidad. Con diez relatos que van de lo contemplativo a lo chocante, ofrece un banquete de ciencia ficción que sabe cuándo golpear fuerte y cuándo sugerir con elegancia. Si el mantra de la serie —amor, muerte y robots— se traduce en la libertad de contar historias sin ataduras, esta entrega es una victoria rotunda: demuestra que, incluso en el decenio de su estreno, “Love, Death + Robots” sigue siendo esencial para quienes buscan audacia y belleza en cada fotograma.
La Temporada 4 de “Love, Death + Robots” ya está disponible en Netflix.