"Hay un grupo de personas que no ha sabido adaptarse a las nuevas “reglas” de seducción y sexualidad (durante la pandemia). Es posible que para ellos sí haya una necesidad cada vez más urgente de volver a la vida de antes", dice el sexólogo Christian Martínez.
"Hay un grupo de personas que no ha sabido adaptarse a las nuevas “reglas” de seducción y sexualidad (durante la pandemia). Es posible que para ellos sí haya una necesidad cada vez más urgente de volver a la vida de antes", dice el sexólogo Christian Martínez.
Nora Sugobono

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En el video de 2001 titulado (podría traducirse como “soy tu esclavo”, pero mejor dejémoslo así) la princesa del pop y actual guru de Instagram, (40) protagoniza una corta historia sonora ambientada en un futuro apocalíptico. Estructuras de concreto, temperaturas abrasadoras, gente hacinada dentro de ambientes cerrados: nada que no nos sea familiar en el presente que nos toca vivir. La letra de dicha canción, eso sí, no tiene mucho sentido.

Sudorosos y ansiosos por mover el cuerpo, los extras del mencionado video empiezan a contornearse lenta y sensualmente, contagiados por la flexible Britney al ritmo del single que bautiza el tercer disco de la intérprete estadounidense. Si no llevasen prendas –escasas, pero prendas al fin– uno podría pensar que lo que se está observando es, en realidad, una orgía con fondo musical. Un todos contra todos en esquinas, bancas, sillas, pisos; donde sea que haya un poquito de espacio. Extremidades que entran y salen de plano; cuerpos entrelazados; cabelleras revueltas; más sudor. I’m a slave 4 U plantea así un escenario futurista donde los seres humanos nos hemos convertido en una raza de zombies sexuales. Aparentemente, somos esclavos de nuestros propios deseos (de pronto la letra ya tiene más sentido).

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Al final –quizá a manera de sugerente analogía– los bailarines sedientos y agotados salen al balcón a sentir lo que, se presupone, son las primeras gotas de lluvia que ven en un buen tiempo. No son pocos los especialistas que vaticinan un desenlace similar este para el momento en el que llegue la a todos los rincones del mundo, tras los meses de confinamiento y ausencia de contacto físico. Aquellas predicciones surgen, entre otros factores, alentadas por las inevitables comparaciones que hay entre esta década y los “locos” años 20 que vinieron tras el fin de la Primera Guerra Mundial y la pandemia de la gripe española, hace poco más de un siglo. Solo el tiempo confirmará las teorías.

Hasta el crash de la Bolsa de valores de Nueva York, en 1929, aquella fue una época representada por el desenfreno, la libertad sexual y de vestimenta, mucho baile (desde el charleston hasta el tango), brillo, fiestas y prosperidad económica. La historia tiende a repetirse, es verdad. Pero, ¿qué tanto hay de cierto en estos pronósticos? ¿Nos espera una era de sexo, locura y rock ‘n roll en un mundo post-coronavirus que podría semejarse a un video de Britney Spears?

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"Hay gente que ha sido muy estricta, y gente que ha seguido saliendo y teniendo encuentros casuales", sostiene la psicóloga especialista en sexualidad Romina Castro. "Después de la pandemia el sexo se verá desde otros ámbitos; vamos a aplicar todo lo aprendido en cuarentena", indica.
"Hay gente que ha sido muy estricta, y gente que ha seguido saliendo y teniendo encuentros casuales", sostiene la psicóloga especialista en sexualidad Romina Castro. "Después de la pandemia el sexo se verá desde otros ámbitos; vamos a aplicar todo lo aprendido en cuarentena", indica.

Manos a la obra

“La comunicación, la conexión y el acercamiento han tenido que ser distintos, pero en ningún momento se ha dejado de lado la sexualidad en este tiempo”, explica la psicóloga y sexóloga “Esto quiere decir que la gente no ha parado de tener encuentros sexuales: solo que no han sido piel con piel”, añade. A pesar de las distancias y el aislamiento, la pandemia ha generado que se exploren otras alternativas y no -por el contrario- que se prescinda totalmente del sexo. “No veo que haya habido represión, sino más bien un gran aprendizaje”, enfatiza Romina. Para la experta, al terminar la pandemia le habremos agregado un valor distinto al sexo. La tecnología es y seguirá siendo clave: juguetes sexuales, aplicaciones de citas, sexting (mensajes o chateo de índole sexual), entre otros recursos llegaron para quedarse dentro del menú habitual.

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“Cada uno ha visto la importancia que tiene la sexualidad en su vida y la masturbación también ha jugado un rol importante. Si no, no hubiesen subido tanto los números en páginas de pornografía y tiendas de juguetes sexuales”, continúa. Si algo diferencia esta época de 1920 es la posibilidad de ser más creativos con nosotros mismos, pero también de mantener una cercanía virtual con quienes no podemos ver en persona. “La gente se ha preocupado por satisfacer sus propias necesidades en lugar de dejarlas para luego”, finaliza Romina. “Y en el camino, muchos han descubierto cosas insospechadas”. Desde las bondades de un aparato capaz de cumplir distintas funciones según el gusto del usuario, hasta las ventajas de una conversación de Whatsapp que puede resultar tan efectiva y excitante como un encuentro físico. O incluso más.

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“No será raro, y no es extraño, que aumente el sexo cuando se de más libertad en el tema de las salidas", dice el psicólogo, sexólogo y terapeuta Christian Martínez.
“No será raro, y no es extraño, que aumente el sexo cuando se de más libertad en el tema de las salidas", dice el psicólogo, sexólogo y terapeuta Christian Martínez.

“Durante la pandemia hubo varios casos de personas que buscaban, de alguna u otra forma, un escape o desfogue a través del sexo a situaciones de ansiedad”, añade el psicólogo y especialista en sexualidad Tal y como explicaba Castro, para Martínez la virtualidad también ha potenciado un mundo que tal vez no se había explorado del todo. “Hay muchas relaciones nuevas que han surgido por redes, aplicaciones e incluso con el teletrabajo. El sexteo como práctica recurrente ha tenido un gran auge, tanto en jóvenes como en adultos. Pero cuando nos dieron la libertad de poder salir, muchas citas virtuales se volvieron reales. Y ahí empezaron a surgir algunas dudas”, explica.

En primer lugar, por el tema de la seguridad: no se sabía si se podía contagiar el con las relaciones sexuales. “Se hablaba -y hasta se bromeaba- sobre ciertas posiciones determinadas, o si había que tener sexo con mascarilla”, indica. En segundo, por el cambio en la interacción. “Muchos hombres y mujeres (pero sobre todo hombres) manejaban determinadas técnicas de seducción cara a cara, en un bar, bailando, etc. Al volverse todo virtual, muchos sintieron impotentes por no saber cómo adaptarse a un escenario distinto, donde ahora escribir un mensaje por Whatsapp, enviar un audio o hacer una videollamada son el primer paso”, continúa. Para ese grupo de personas que no ha sabido adaptarse a las nuevas “reglas” de seducción y sexualidad, es posible que sí haya una necesidad cada vez más urgente de volver a la vida de antes. La pregunta es, ¿las cosas volverán a ser tal y como las conocíamos?

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El diseñador y columnista de estilo de vida lo tiene muy claro: habrá fiesta, sí, pero sobre todo habrá reencuentros. “Estamos en un momento en el que estamos cuestionando las cosas cada vez más. Hay más protesta en las calles, la gente ha retomado su poder”, explica. Lo que se viene ahora es una reacción mucho más de apreciación y menos de locura colectiva, piensa Loayza. “No se trata de salir a festejar solo porque sí. Sino de reforzar las relaciones humanas, usar la tecnología para comunicarnos, darnos cuenta de lo importante que es un abrazo y cuánto hemos extrañado el contacto físico. Se trata de ser más explícitos con nuestros sentimientos -no necesariamente con la sexualidad- por si nos vuelve a pasar algo parecido”, finaliza.

Como dice otra famosa cantante de rubia cabellera, la inigualable : por si acaso se acaba el mundo, todo el tiempo he de aprovechar. El resto de la canción ya se sabe cómo continúa.

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