"Hoy, más importante que insultar a Castillo por redes, es entender qué cosas hicieron posible la elección". Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Víctor Aguilar)
"Hoy, más importante que insultar a Castillo por redes, es entender qué cosas hicieron posible la elección". Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Víctor Aguilar)
Por Renato Cisneros

La entrevista de Fernando del Rincón a Pedro Castillo fue, como ya se ha dicho hasta la saciedad, una clase de periodismo memorable. O tristemente memorable, porque el presidente quedó desnudo, pintado de cuerpo entero como lo que es: un mandatario completamente desnortado, huérfano de lenguaje, mísero de ideas. Uno no se enoja por cómo dice las cosas (sabemos que los buenos oradores no garantizan honradez), sino por las cosas que dice, o mejor, por las que no dice. Su comunicación no transmite autenticidad, tan solo nerviosismo, extravío, contradicción. ¿Era distinto antes? No, pero igual molesta que sus limitaciones den pie a un espectáculo así. Es como si de pronto le hubieran echado sal a una herida abierta de la que ya nos estábamos olvidando por andar pensando en los derrames de Repsol.

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