Jorge Madueño y su hijo Augusto, quien prepara un disco/documental en honor al trabajo de su padre.
Jorge Madueño y su hijo Augusto, quien prepara un disco/documental en honor al trabajo de su padre.
Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

Un padre de familia con 5 hijos, sale temprano de su casa para empezar un día más como ingeniero. Como muchos, como miles, vuelve al hogar ya de noche. La música era entonces una mueca reprimida en su sonrisa. Un niño lo veía llegar con ese silencio en los dedos; luego, otro pequeño, cargado en sus brazos, observaba de cerca esos ojos que chispeaban con un do re mi, matizados con imágenes de paseos familiares en el auto por la Lima de los años 70, en una escena que parecía canción de un ajeno repertorio; más tarde, uno más chico, travieso, lo espiaba en silencio cuando llegaba al anochecer cargado de quesos, morcillas y algún vino, presto a escribir y componer en la sala de casa, incluso sin guitarra: había tantos sonidos en su cabeza, haciendo amistad, dando saltos, vueltas y brincos, que él parecía ya saber cómo sonaría todo cuando fuera ejecutado. Las partituras en sus manos parecían llenarse solas, mágicamente, por largas horas de creación en las que su sonrisa regresaba a su lugar.