Por Oscar García

El triunfo de WandaVision, la serie de Disney+ que despidió temporada con una belleza de capítulo de cierre, es la confirmación de que es posible contar historias de superhéroes que importen de verdad, que vuelen alto y que rompan con la perfecta pero aburrida factura impersonal que han impuesto las ficciones de la casa Marvel (con el perdón de los marvelitas). Desde las primeras Iron Man y todo el carnaval que siguió, la productora sentó una suerte de “biblia de estilo” a la que sucumbieron incluso directores con mucha personalidad, entregando productos pulidos y de factura industrial, algunos mejor que otros, quizás, pero prácticamente indistinguibles de lo que hacían sus colegas.

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