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"Una bronca perpetua", por Carlos Galdós

No hay nada más agotador que la pelea sin solución

"Una bronca perpetua", por Carlos Galdós

"Una bronca perpetua", por Carlos Galdós. (Ilustración: José Carlos Chihuán Trevejo)

¿Se puede vivir eternamente peleado? ¿Podemos estar siempre divididos? A mí me parece que no. No estamos diseñados para ser rivales entre nosotros y cuando ello ocurre es necesario un intermediario. La idea del indulto (que más que una idea fue desde siempre un objetivo de PPK) se sabía que venía con conflicto social incluido. Fácil no iba a ser de ninguna manera y constituía un reto importantísimo para quien se atreviera a dar el paso. Una decisión impopular que bien trabajada nos quitaría un peso de encima a todos. Bien trabajada significa desde la verdad, desde lo que la ley permite, conversando una y otra vez con los familiares de las víctimas, resanando sus heridas, poniendo sobre la mesa el tema en cuanto espacio de debate público fuera posible, conversatorios en universidades, buscando entender lo que ocurrió, mostrando arrepentimiento genuino y pidiendo disculpas cuantas veces sean necesarias en distintos foros, viendo a los políticos comprometerse a que eso no puede suceder nunca más. Y así todos juntos, tal vez, comenzar a entender que no podemos vivir eternamente adoloridos. Pero repito, se trataba de un proceso largo y llevado de la mano de un tercero que hiciera de mediador y conciliador sin ningún interés más que el de curar. Todas las sociedades tienen heridas, no me atreveré a comparar las nuestras con las de otros países; ni siquiera las voy a mencionar. Pero es bueno saber que la misión de resanarlas pasó en Chile, acaba de pasar en Colombia. Esos pasos se tienen que dar, pero con profundo respeto siempre por los afectados, por las víctimas y sus familiares, con el único deseo de comenzar a cerrar un capítulo doloroso. 

PPK, quien en los últimos tiempos se ha encargado de ser su propio enemigo, lo hizo todo al revés; peor aún, usó la herida social para salvarse de la vacancia y eso, lejos de reconciliar, nos ha dividido aún más. Lo que ha hecho es grosero, indignante, ofensivo. Decidió meternos al quirófano y cosernos la herida con soga, limpiarla con ron de quemar y anestesiarnos a puñetes. El resultado: un presidente que tiene el rótulo de ‘mentiroso’ en la frente, un gabinete por armar (hasta el momento de escribir estas líneas), un secuestrado de su principal opositor que, además, es el partido político más fuerte del Perú, según las últimas elecciones; y, por último, tiene al país entero a la espera de que la familia Fujimori resuelva sus conflictos, vean cómo se dividen el poder y recién ahí veremos qué pasa. Sin embargo, me resisto a pensar que esto dure para siempre. No hay nada más agotador que la pelea sin solución, que revolcarnos en el ‘yo te dije’, ‘tú me dijiste’ y no saber qué viene. Como en el ring de box, estamos trenzados y necesitamos quién nos destrabe, ambos golpeados, sangrando. 

“Papá, ¿qué es lo que está pasando con el presidente?”, me pregunta mi hija de once años. Se la hago corta para, según yo, no aburrirla. Su respuesta fue reveladora: “Y si en vez de seguir peleados, mejor no sale el presidente por la televisión y da un mensaje diciendo que se equivocó, que mintió porque tenía miedo a que lo botaran de su trabajo y que le explique a la gente que por miedo uno a veces hace cosas malas o que hacen sentir mal a los demás. Y si Fujimori se junta con las personas a las que les hizo daño y les pide perdón frente a frente y se aguanta todo lo que le quieren decir y acepta que no hizo bien”. Ojalá pudiera ser tan fácil, mi amor, como cuando se me caía el chocolate al piso lo recogía y me hacía la señal de la cruz antes de comerlo para no enfermarme o como cuando me peleaba con alguien y la cortábamos para la salida, y en caso extremo cuando resolvíamos todo con un ‘may, tu mamá se baña con Camay’. Si resolviéramos las cosas así, los políticos no existirían, porque se quedarían sin su principal chamba: desunir. 

Este test fue publicado el 06 de enero del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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