Walter Velásquez, docente de secundaria, ideó a Kipi en su laboratorio en el colegio Santiago Antúnez de Mayolo. (Foto: Yerson Collave)
Walter Velásquez, docente de secundaria, ideó a Kipi en su laboratorio en el colegio Santiago Antúnez de Mayolo. (Foto: Yerson Collave)
Yerson Collave García

Periodista de ciencia y salud

yersoncollave@gmail.com

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Millones de alumnos peruanos reciben clases virtuales desde que la pandemia de obligó a cerrar los colegios. Esta situación ha comenzado a afectar su aprendizaje, según los expertos, lo cual agudiza los problemas que ya tenía el sistema educativo peruano.

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Pero hay algunos profesores que, pese a las limitaciones, han diseñado alternativas para ayudar a sus alumnos en este contexto. Uno de ellos es el profesor Walter Velásquez, , una robot que ayuda a los menores en su proceso de aprendizaje y, además, es capaz de hablarles en quechua, su lengua materna.

El Comercio visitó su laboratorio ubicado en el colegio Santiago Antúnez de Mayolo, en Colcambamba, Huancavelica. Allí diseñó a Kipi durante los primeros días de la pandemia.

“En las escuelas nosotros tenemos que empezar a hacer ciencia, empezar a diseñar, empezar a indagar un poco más”, nos dice el reconocido docente rural que ha recibido, entre otros reconocimientos, las Palmas Magisteriales del Ministerio de Educación.

El profesor Walter Velásquez y dos de sus alumnos realizan clases al aire libre junto a Kipi. (Foto: Yerson Collave)
El profesor Walter Velásquez y dos de sus alumnos realizan clases al aire libre junto a Kipi. (Foto: Yerson Collave)

- ¿Antes de Kipi había ya había desarrollado algún robot?

Mis alumnos, sobre todo. Han ganado campeonatos de robótica a nivel nacional e internacional. Ese prototipo del fondo [señala un estante de su laboratorio] ha estado en México. Esa es una máquina que ayuda a mejorar cómo se hace el chuño. Ha sido un prototipo muy valorado por la Universidad de Guadalajara. Otro robot que han hecho mis alumnos, considerado el mejor de la región, es un carrito que puede usarse en un sismo; si hay gente atrapada, ingresa el carrito, toma fotos 10 fotos y las envía a un celular.

- Veo que tiene muchos prototipos en su laboratorio.

Aquí algunos prototipos son míos, otros de mis alumnos. Pero siempre he visto que casi todo lo que se ha generado en el Perú queda en prototipos. Somos buenos en el Perú haciendo prototipos, pero no entrando a la ejecución real. Existen buenas ideas, pero creo que debemos hacer mucho, por eso nos hemos arriesgado con Kipi, que deja de ser un prototipo y funciona en la ‘cancha’ para ayudar a la gente. La pandemia nos ha empujado a eso.

- ¿Cómo le comenzó el gusto por la ciencia y la tecnología? ¿En qué momento de su infancia o de su adolescencia?

Tengo una foto de chiquito… A los tres años he construido mi primer robot, yo no me he dado cuenta. Lo hemos construido con mi papá, y sale en la foto. Pero creo que lo principal es que mi mamá me ha inculcado el trabajo un poco más solidario y mi papá el trabajo más creativo. Mi mamá es bibliotecaria de escuelas por 30 años; yo siempre he estado en las escuelas ayudando, repartiendo libros, recogiendo, limpiando la sala la biblioteca. Mi papá es profesor de matemáticas, y a él siempre le ha gustado construir cosas para sus alumnos, entonces yo siempre estaba al costado ayudándolo. Entonces, eso influye mucho. Más adelante, ya en secundaria, lo complementa un profesor: me dio una tarea para investigar el tumbo [un fruto nativo del centro del Perú] y yo lo transformé en lo que se me ocurrió. Entonces, esa metodología de que alguien te haga pensar, no te dé todo y tú buscar la información, me gustó. Fui al doctor de la posta a preguntarle incluso, busqué a otras personas… Así participé en ferias de ciencias y, bueno, me di cuenta que una carrera indicada para mí era una relacionada a ciencias, en este caso para enseñarlas. Estudié en la Universidad del Centro, luego hice una especialización en tecnología en la Universidad Nebrija, España, y ahora estoy culminando una en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en EE.UU. Y allí todo es resolver problemas, casos…

- Y tal vez el problema en el país es que en el colegio la enseñanza de la ciencia y tecnología es muy teórica.

Es muy teórica la enseñanza de la ciencia, definitivamente. Se debe leer, por su puesto, pero las ciencias van más allá. Se debe enseñar y estudiar ciencia haciendo ciencia. Por ejemplo, nosotros aquí tenemos un biohuerto donde indagamos, ponemos situaciones experimentales. Los sistemas de transformación de la materia se enseñan, por ejemplo, extrayendo aceites, esencias, destilados… Así es más interesante. Yo creo que va por allí. En las escuelas nosotros tenemos que empezar a hacer ciencia, empezar a diseñar, empezar a indagar un poco más.

“El estudiante sí puede lograr grandes cosas, no necesariamente es una limitante el lugar donde naces o cuánto dinero tienes, pero el profesor debe darle el apoyo y también el Estado”


El profesor Walter Velásquez muestra algunos de los prototipos que tiene en su laboratorio. (Foto: Yerson Collave)
El profesor Walter Velásquez muestra algunos de los prototipos que tiene en su laboratorio. (Foto: Yerson Collave)

- ¿Qué tan difícil puede ser implementar esto en cada escuela? Es algo ambicioso en este momento, ¿no?

Es como si yo te dijera: “Vamos a cocinar”, pero no hay ninguna herramienta de cocina. Aunque tengas voluntad, no lo vas a hacer. Creo que es indispensable que en las escuelas del Perú se implementen laboratorios para poder impulsar las ciencias, las tecnologías, desde niveles escolares. No existe presupuesto para desarrollar ciencia y tecnología, ninguna escuela recibe un sol. Hay profesores que lo hacen igual. El Ministerio de Educación nos envía kits, módulos, pero creo debemos reforzarlo muchísimo más. Sería una gran idea que en el Perú los profesores puedan presentar sus creaciones; yo conozco algunos que han hecho mucho, y debemos utilizar ese banco de conocimientos. La ciencia no solo sirve para las carreras de biología o química, el método indagatorio nos ayuda en la historia, en la literatura, etc.

- Porque provoca la curiosidad natural de los niños.

Es para formar a los niños, no es que todos van a llegar a la NASA, puede ser que sí, pero si aprenden este método, pueden aplicarlo en sus futuros trabajos o actividades. Esto se debe cultivar desde la primera infancia, ya es un poco difícil a los 20, 30 a 40 años. Ese fue uno de los retos cuando vine a enseñar acá. Encontré a estudiantes de bajos recursos económicos o en pobreza extrema. Desde que empezamos a trabajar en el 2009 en este laboratorio, hemos logrado muy buenas cosas: tenemos ganadores de física, tenemos campeones de química, han salido al extranjero inclusive. Eso me permite decir que el estudiante sí puede lograr grandes cosas, no necesariamente es una limitante el lugar donde naces o cuánto dinero tienes, pero el profesor debe darle el apoyo y también el Estado. Ese es el valor de la pedagogía.

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