Comentario del editor: El nuevo bacalao servido en la casa del fujimorismo

"¿Era en verdad Montesinos el más malo de la película? Ahora parece que Fujimori lo llevaba de las orejas"

Por Juan Paredes Castro

El proceso de extradición de Alberto Fujimori y las estratagemas de este por evadir la justicia chilena, abren una caja de Pandora en la que Vladimiro Montesinos podría aparecer como el menos malo de la película.

Esto quiere decir que el afán permanente del fujimorismo de presentar a Montesinos como el monstruo del reino de 1990 al 2000, podría derrumbarse.

Si Montesinos abría y cerraba decisiones y negocios tras el trono, Fujimori habría tenido siempre en sus manos una segunda llave, hasta que por alguna razón la perdió o quizás no.

La capacidad propia de Fujimori para manipular la verdad, urdir situaciones sorprendentes y engatusar a propios y extraños, que en algún largo momento fue tomada, a la chacota, como una virtud criolla y cazurra, de pronto emerge con características más sospechosas.

Desde cómo trama subrepticiamente su salida de Tokio y su entrada en Santiago de Chile, hasta su recién anunciada candidatura a una banca del Senado japonés, pasando por su conducta extraña desde que la fiscal chilena detalló los delitos por los que podría ser extraditado, Fujimori no ha hecho sino mostrar un patrón de conducta que no es precisamente la confiable que el país vecino podría esperar de él en términos de Justicia, Gobierno y Estado, así en mayúsculas.

En un comienzo Fujimori quiso usar su estada en Santiago de Chile como plataforma de proselitismo político de cara a la campaña electoral en el Perú, cosa que, con el correr del tiempo, no se lo permitieron las autoridades chilenas, en una evidente postura de severidad de la presidenta Michelle Bachelet ante las leyes internas de su país.

Toda la suma de maquinaciones suyas pintan pues un denominador común que, a su vez, reafirma el hecho de que Fujimori no era un caído del palto al lado de Montesinos ni el santo varón entregado noble e ingenuamente a los brazos de quien se decía que ejercía el poder real tras el trono.

Por de pronto Fujimori ha arrojado los dados sin ningún as a la vista sobre el tapete nervioso de su movimiento político en el Perú. Aunque su vocero en Lima diga, como el mejor chiste de la semana, que la candidatura senatorial japonesa de su jefe es un signo de la globalización del fujimorismo, lo cierto es que el movimiento fundado por el ex presidente para tener presencia política importante en el país, acaba de ser sorprendido por un nuevo juego tramposo salido de sus propios predios.

¡El juego sabe, por supuesto, al peor bacalao que tienen que tragarse los viejos y los nuevos fujimoristas!