Por Lilia Córdova Tábori

En los años 60, la imagen de la Copa del Mundo necesitaba ser renovada para atraer a las nuevas generaciones. Se necesitaba un símbolo que estrechara lazos entre los hinchas. Para ello los organizadores del Mundial Inglaterra 1966 recurrieron a la compañía Walter Tuckwell y Asociados, experta en marketing y franquicias de películas y productos para niños. Su misión era crear la primera mascota de un mundial.

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